Un crucero con los nietos

Un crucero puede ser una magnífica experiencia para abuelos y nietos. Este es el caso de Natalio y Ana que viajaron con los suyos y decidieron escribir este “Reportero x 1 día”

Ana y Yo bailando

Ana y yo bailando en el atrium central del barco

Hacía tiempo que planeábamos con mi mujer hacer un crucero en alguno de esos barcos de lujo, cosa que nunca habíamos hecho antes, quizá porque el escaso tiempo que disponíamos nos impulsaba a trasladarnos por aire. Pero ahora, ya jubilados los dos y sin tantas obligaciones laborales, podíamos darnos ese lujo tanto tiempo diferido.

La idea de llevar a nuestros nietos, Rocío de 7 años y Ezequiel de 9 me pareció magnífica. La posibilidad de pasar 9 días en compañía de ellos ya era para mí una perspectiva feliz, pero hacerlo a bordo de un crucero, donde todo sería nuevo para ellos (y para nosotros) superaba mis expectativas y encendía mi imaginación.

Cuando lo comentamos con nuestra hija y su marido, también ellos se sintieron entusiasmados. Sabían que cuidaríamos de sus hijos y ellos a su vez, podrían tomarse unas vacaciones juntos y solos, cosa que no había sucedido desde el nacimiento de Ezequiel.

Por último lo comentamos con los chicos que, por supuesto estaban exultantes. Así las cosas  hicimos una reserva en Cruceros Costa .  Tomamos un camarote cuádruple, que tenía una cama doble y dos cuchetas para los chicos, también estaba la opción de una suite, pero era bastante más cara. Y ansiosamente esperamos el día de la partida.

Comenzamos los preparativos y Ana, mi mujer, me convenció de que ya no estilaba en esos cruceros vestirse de etiqueta para cenar y que solo tendríamos que llevar un traje y mucha ropa sport, pantalones de baño y ropa cómoda ya que el clima sería cálido en la zona que navegaríamos.

Los padres de los chicos, en especial el marido de mi hija, los llenaron de recomendaciones hasta que Ezequiel le contestó a su padre: ¡Pero papá, como si nosotros no supiéramos que es un crucero…!

Indudablemente, aunque nunca habían subido a un transatlántico, los chicos de hoy están tan informados por la televisión que nada parece ser nuevo para ellos.

Mi nieta en cambio hizo una pregunta que ninguno le supo contestar: ¿Los barcos que van por el Pacífico, también se llaman transatlánticos…?

Por fin llegó el día de la partida, la primer sorpresa, al llegar al puerto fue constatar el tamaño del barco. Desde el muelle parecía un edificio de varios pisos, y en realidad lo era. Eso si impresionó a los chicos, ya que por más plasma de muchas pulgadas que tengan, no habían tenido nunca la impresión de ver de ceca algo tan enorme.

Después de las despedida y las últimas recomendaciones, por fin subimos al barco donde fuimos cordialmente recibidos y nos tomaron una foto grupal, acompañados de dos lindas marineras. Luego les pusieron a los chicos dos pulseras que indicaban su número de camarote y el sitio de reunión en caso de emergencia.  Los chicos estaban fascinados, al llegar a nuestro camarote se pusieron a observar todo, constataron que tenían televisión y por un gran ojo de buey se veía el río que luego cambiara de color para transformarse en el mar brasileño. Tampoco olvidaron observar nuestro baño y Ezequiel leyó atentamente las instrucciones para el uso del inodoro.

Caía la tarde poniendo un tinte rosado a las aguas mientras salíamos custodiados del puerto por un remolcador y un guardacostas dela PNA, mi mujer y yo, asomados a la borda, veíamos alejarse lentamente la familiar silueta de los edificios de la ciudad y comprendimos que diferente puede ser la partida vista por la ventanilla de un avión o desde la cubierta de un navío.

Lo primero que nos demostró que estábamos en un sitio diferente a los hoteles de costumbre fue el simulacro de abandono del barco.

Por parlantes nos sindicaron que al sonar la sirena debíamos ir a nuestros camarotes ponernos el chaleco salvavidas e ir al punto de reunión que teníamos asignado (que figura con número, letra y ruta de acceso en la cara interior de la puerta del camarote.

Una vez en la cubierta de botes, formados como en un colegio, nos agradecieron la presencia, nos sacaron fotos y todo esto duró solo 15 minutos !!.

Realmente uno se siente más seguro cuando sabe qué hacer en caso de emergencia.

Esa noche cenamos todos juntos en el lujoso comedor principal, recién a la mañana siguiente, cuando nos trajeron el periódico de a bordo nos informamos de la existencia del Squok Club que se ocupaba de hacer actividades con ellos durante todo el día, mientras nosotros disponíamos de otras actividades más propias de nuestra edad. Desde ese momento, no volvimos verlos durante muchas de las horas en que funcionaba el club.

Eze en los juegos

Ezequiel con un amiguito nuevo en el tobogán del Squok Club

Por la mañana si, estábamos juntos y disfrutábamos de la pileta o tomábamos sol en cómodas reposeras. Mi mujer se hizo adicta del jacuzzi y yo aprovechaba para mover un poco mi osamenta en el gimnasio.

Por supuesto en cada escala que realizaba el barco, tomábamos alguna excursión, almorzábamos en tierra con los chicos y conocíamos lugares verdaderamente hermosos y hasta hicimos excursiones donde la navegación se mezclaba con la natación y la visita a playas paradisíacas.

Y ya de regreso en el barco, disfruté de un conjunto de jazz en el bar y hasta bailé algunos tangos con mi señora.  Tuvimos oportunidad de intervenir en un torneo de bridge mi mujer y yo gané uno de truco con unos pasajeros muy simpáticos de quien pronto nos hicimos amigos. Ellos nos animaron a  participar en un baile de disfraz y finalmente acepté, aunque no había traído nada para eso, el personal del barco nos facilitó algunas cosas y me disfrazaron, no se muy bien de qué y mi señora se inventó un atuendo especial con los cuales tuvimos mucho éxito. La fiesta se prolongó hasta la madrugada y creo que de ella me quedaron las mejores fotos del viaje.

Un capítulo aparte para la comida, superabundante y exquisita, lo que nos obligaba a redoblar las caminatas, ya fueran por cubierta o en tierra, para mantener nuestro peso dentro de los límites permitidos.

Algunas tardes jugamos en el casino de a bordo, mi mujer en las maquinitas tragamonedas y yo en la ruleta, eso me hizo pensar en la notable estabilidad del barco, ya que nunca pensé que pudiera funcionar tan bien una ruleta sobre el mar.

Como si hubiera sido poco, el disfrazarme, también me convencieron los chicos de participar en un “Talent Show” en el que todo el mundo participaba (niños y adultos) y conseguí un notorio aplauso con mi versión de “Caminito” a la vez que Rocío cautivó a todos con su estudio de guitarra.

Los días transcurrieron demasiado rápido, y cuando nos dijeron que al  día siguiente por la mañana llegaríamos de regreso a Buenos Aires y acabaría nuestro crucero, nos sentimos como si fuéramos desterrados del paraíso. Porque realmente aquellos 9 días habían sido una verdadera estadía en el paraíso.

Solo nos consolaba la perspectiva de reencontrarnos con los padres de los chicos, y tanto a ellos como a nosotros, nos entusiasmaba la idea de contar nuestras experiencias y mostrar nuestras fotografías, las que habíamos sacado nosotros y las (mejores) que nos habían sacado en el barco.

Por la mañana, muy temprano nos levantamos y fuimos a cubierta, allí ya había otros pasajeros esperando divisar la costa y reconocer su perfil familiar. Y en efecto, con los primeros rayos de un sol que iba llenando de colores el cielo, fueron apareciendo los edificios más altos…Ya estábamos de vuelta y seguramente ese no sería el último crucero, porque le habíamos tomado el gusto y ya deseábamos repetir la experiencia…-

Fuente: Gentileza de Natalio, Ana, Ezequiel y Rocío.

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Ricardo Marengo

Periodista turístico argentino. Trabajó en las revistas: Weekend, Lugares y Buenos Aires Herald Travel Magazine. También en el suplemento Leisure & Travel del diario Buenos Aires Herald. Como representante de Seatrade Group llevó a cabo la Seatrade South America 2012. Es conductor radial y referente del mundo de los cruceros en su país. Anualmente realiza 4 cruceros o más, desde hace una década, donde no solo realiza notas a bordo, sino que también elabora (a pedido) un informe de estado y servicio para la naviera. En la actualidad está conduciendo micros televisivos ( sobre cruceros ) para la televisión argentina. Es patrón de yate vela/motor e instructor de yachting para niños. Es voluntario de la Fundación Goleta Escuela Santa María de los Buenos Ayres. Fundador de Cruises News Argentina y Noticias de Cruceros. 

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