Almuerzo en el barco de la Gastronomía, el “Marina”

Una invitación a degustar un almuerzo en el Marina, de Oceania Cruises, dio la oportunidad a nuestro cronista gourmet de calificar al chef de esa naviera.

Marina_Buenos_Aires

El Marina en el puerto de Buenos Aires

Noticias de Cruceros fue invitada a participar de una reunión reservada para el periodismo especializado y un nutrido grupo de agentes de viajes, en su gran mayoría pertenecientes al que algunos solían denominar “el sexo débil”. La ocasión era una muy esperada visita al Marina de la naviera Oceania Cruises, renombrado por su exquisita gastronomía…

La Puerta Número 13

Nos dieron la bienvenida en la Puerta 13 de la Terminal Quinquela Martín integrantes de Vanguard Marketing, que representa a la naviera de alta gama en nuestro país, Uruguay y Paraguay. Tras el control de Prefectura y abordar uno de los ómnibus rojos -que se abren camino entre montañas de contenedores multicolores prolijamente acumulados- llegamos hasta la escalerilla misma del barco. Los trámites de embarque fueron muy sencillos: alcanzó con canjear el DNI por una tarjeta de “Visitor” y entregar un formulario de Salud Pública en que entre otras cosas todos, incluyendo los hombres, tuvimos que responder con un SÍ o un NO una pregunta –entre otras- que nos dejó algo perplejos… Traducida del idioma de Shakespeare al de Cervantes, era algo como: “Para cuando termine el crucero, ¿estará usted embarazada de más de 24 semanas?” No creemos aventurado afirmar que todos los nenes del grupo habrán contestado que NO…por más que uno nunca pueda estar seguro de nada, porque la realidad a veces supera la más alocada fantasía…

Una excelente visita, guiada por Adrián Pavese

Traspuesto el detector de metales a la entrada, el grupo se reunió en el hall central y ahí Adrián Pavese, uno de los gerentes de Vanguard Marketing, empezó a guiarnos muy hábilmente a través de salas, salones, ascensores y escalinatas, demostrando un conocimiento envidiable de la nave. Ni un solo paso en falso, ni bajar o subir a la cubierta equivocada… De inmediato nos sentimos identificados con el barco, de tamaño intermedio con capacidad para unos 1200 huéspedes atendidos por una tripulación multinacional de 800 personas. Más tarde, durante el almuerzo, nos atenderían muy profesionalmente una francesa, una filipina y un peruano. Durante la recorrida escuchamos a muchos tripulantes hablar entre si en idiomas desconocidos para nosotros, si bien el idioma “oficial” del Marina es obviamente el inglés. Decíamos “identificados” porque ya hemos recorrido o viajado en muchas naves -construidas por los astilleros italianos de Fincantieri- que tienen “algo” que otros barcos no tienen…

Adrián fue muy organizado y exhaustivo en nuestro itinerario. Empezamos por el Red Ginger, restaurante especializado en cocina “fusion” de neto corte asiático, al que siguió el Jacques, restaurante de cocina francesa, uno de los más solicitados a bordo. Entre un sector y otro del barco nos detuvimos varias veces frente a obras de arte, principalmente de artistas latinoamericanos, personalmente elegidas y adquiridos por uno de sus dueños, Frank Del Río, que no sólo es un exitoso hombre de negocios, sino un gran entendido y coleccionista de arte. De ahí pasamos por el atractivo Martini’s Bar. Nos detuvimos un momento y aprovechamos para consultar a nuestro anfitrión sobre la bandera tenía el barco, ya que -debemos reconocer nuestra ignorancia- ninguno de nosotros sabía dónde ubicar en el atlas el puerto de Majuro, que resultó estar en las Islas Marshall. Pasamos entonces a visitar algunas cabinas finamente decoradas, todas ellas con balcón, hasta llegar a las denominadas “Penthouse” donde un detalle nos llamó la atención: amplia bañera y, separada de ésta, un amplio habitáculo para la ducha, en baños de un tamaño desacostumbrado en barcos. Todas las cabinas nos parecieron excelentes y detalladamente equipadas. En cada una, Adrián se preocupó por hacernos tocar las fundas y sábanas que si no recordamos mal son firmadas por Versace, y cuya cantidad de hilos va aumentando según el nivel de las “amenities” que corresponde a cada categoría. Un ascensor nos llevó hasta la cubierta 15 -la más alta de todas- y ahí nos encontramos en el bar más amplio y panorámico, el “Horizon”. Es un ámbito cautivante que, según supimos, suele llenarse a partir de las 16:00 hs. y sigue así hasta altas horas de la noche…

Lobby_Navideño_Marina

Lobby navideño del Marina

Un reducto insólito y otras experiencias

De allí pasamos a algo muy especial que nunca antes habíamos encontrado en un crucero: el Artist Loft, donde una artista residente -Pat Grillo- da charlas de arte y clases de pintura. No nos sorprendimos mucho, al ser Frank del Río, como vimos, un amante de las artes plásticas… Estas clases, que no recordamos si son gratuitas o no, incluyen la provisión de todos los materiales y elementos necesarios para expresarse artísticamente y aprender nuevas técnicas pictóricas. Al lado de la única piscina del barco -de generosas dimensiones- está ubicado otro excelente restaurante, el Terrace Café, que permite elegir entre sentarse adentro o bien en cubierta, al aire libre cuando las condiciones del tiempo lo permiten. Es un restaurante “rápido” de autoservicio, pero no por ello hay que creer que el nivel gastronómico se vea mínimamente afectado. Otra excelente opción es el restaurante Waves, decorado con lujosa sobriedad que nos impactó. De ahí, tras recorrer varios sectores del Marina, conocimos otro ámbito muy especial: La Reserve, patrocinado por la revista especializada en enología líder en los Estados Unidos, Wine Spectator.  Ahí, por un suplemento razonable los interesados pueden degustar una cena de siete pasos, donde el maridaje con los mejores vinos es parte fundamental de la experiencia.

Bajamos nuevamente hasta el nivel de los “restaurantes de especialidades” y recorrimos el Toscana –naturalmente de cocina italiana- y el muy concurrido Polo Grill donde reinan las mejores carnes, pescados y mariscos. Un detalle no indiferente: entre uno y otro, hay una sala privada para diez comensales que puede reservarse para eventos especiales, donde los comensales tienen la opción de requerir platos del Toscana y/o del Polo Grill indistintamente. Y otro más: no hay una cocina “central” en el Marina: cada restaurante tiene la propia para asegurar la perfecta preparación de los platos y que éstos lleguen a las mesas de la manera, y en el momento justos…

Almuerzo en el “Grand Dining Room”

Llegó el momento de sentarse a las mesas y disfrutar de un maravilloso almuerzo -en el Grand Dining Room- regado con vinos de una conocida bodega californiana. La mayoría de los convidados nos sacrificamos por un Chardonnay levemente frutado que nos pareció estupendo, para acompañar sabiamente una entrada a base de caviar y langosta, una pasta rellena con zapallo y un insólito, exquisito plato principal de abadejo que nos sorprendió por su sabor y textura. La francesa que nos atendía accedió a revelarnos el porqué del sabor agridulce y especialísimo del pescado: lleva horas marinando en jugo de limón y miel, por lo cual no sólo se vuelve blando y aterciopelado, sino que en la cocción adquiere un aspecto acaramelado que seguramente trataremos de imitar en nuestras cocinas ancladas a tierra…

Otros ámbitos memorables

Antes del almuerzo -es bueno no olvidarlo- visitamos el Spa que maneja la empresa especializada Canyon Ranch. Pasamos por un ámbito mágico: la biblioteca, que nos pareció realmente emblemática y diseñada por alguien que evidentemente ama los libros, la lectura y desea que no lo molesten y que no haya ruido ambiental. Es difícil explicar cómo los arquitectos se las han ingeniado para crear en un espacio razonablemente reducido tantos ámbitos recoletos, casi privados, para disfrutar en total relax del placer de una buena lectura. Finalmente, merece también unas palabras aparte el Boardroom, espacio dedicado a los juegos de tablero y de mesa, de los cuales entrevimos en varias vitrinas una rica y muy variada colección.

Casi olvidamos otro ámbito especial y exclusivo del Marina. Se trata del “Bon Apetit Culinary Center”, escuela de alta cocina minuciosamente  equipada y acondicionada, donde un chef enseña a los interesados a cocinar ambiciosos platos. El costo es de 69 dólares por clase, pero todos los elementos e insumos se proporcionan a los aspirantes chefs que luego celebran el éxito de la clase degustando lo que han preparado bajo la sabia mirada de un verdadero gran chef.

No todo es perfecto…

Claro que no todo es perfecto a bordo del Marina: es más, ni perfecto -ni tanto menos- grato…

Nos habíamos embarcado a las 10:30 y acababan de sonar las 15:00. Fue el momento de seguirlo a Adrián hasta la escalerilla, volver a canjear la tarjeta de “visitor” por nuestros DNI, descender y abordar el ómnibus rojo que en pocos minutos y metros, nos devolvería a la cotidiana, congestionada y estresante atmósfera de la Reina del Plata. ¡Cuánto mejor hubiera sido volver a nuestra Penthouse Suite, cerrar las cortinas y dormir una reparadora siesta antes de ir a tomar el té y prepararnos para una refinada cena en uno de los restaurantes de especialidades (que, dicho sea de paso, están incluidos en el precio del pasaje) para luego disfrutar del show que se presenta una sola vez por día en el hermoso teatro con una capacidad que estimamos en unos 700 afortunados huéspedes. No hay duda, lo peor del Marina es tener que desembarcar y contentarse con verlo por última vez desde el muelle…

Mas info sobre Oceania Cruises en Argentina: Vanguard Marketing tel. +54 (11) 5353-0580 | en España: Un Mundo de Cruceros

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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