El temible Cabo de Hornos, desde el “Crown Princess”

La noche cayó sobre Ushuaia cuando partíamos en el Crown Princess rumbo a nuestro encuentro más austral, el temido Cabo de Hornos.

Cabo_de_Hornos

El temido Cabo de Hornos

A bordo del Crown Princess.- Navegamos por el Beagle a la par de la isla Navarino, dejamos por estribor a Puerto Williams, donde el práctico chileno de las aguas australes subió a bordo. Un barco de Ponant se encotraba fondeado frente al pequeño puerto chileno y desde allí nos internamos en la oscuridad plena de la noche. Pasamos junto a los restos del crucero Logos, y a muchos pecios más que atesora este confín del continente, recordándonos que no todos los que navegamos esta agua tenemos la suerte de hacerlo con la tecnología, la pericia y la seguridad que tienen hoy los barcos. Continuamos bordeando Navarino y dejamos por babor a las discutidas Picton, Lenox y Nueva. Las tres islas que se disputaron Argentina y Chile allá por los años 80.

Ya nuestro rumbo era 180°, la noche enmarcaba oscura e implacable el avance de nuestra nave con destino al bien llamado: “fin del mundo”.

“Cabo de Hornos” es el nombre que recibe el cabo más austral de la isla de Hornos y del archipiélago de Tierra del Fuego, en el sur de Chile, considerado tradicionalmente como el punto más meridional de América, aunque en realidad éste corresponde al islote Águila en el archipiélago de las islas Diego Ramírez, pero para no arruinarles la travesía a los 3000 pasajeros del Crown Princess no abrimos la boca.

Por su parte es cierto que éste es el cabo más famoso del mundo. Es el más austral de los tres grandes cabos de la zona meridional del planeta, marca el límite norte del Pasaje de Drake que separa a América de la Antártida y une el océano Pacífico con el océano Atlántico, no es poca cosa.

Durante muchos años, el cabo de Hornos fue uno de los hitos principales de las rutas de navegación de embarcaciones a vela, las que comerciaban alrededor del mundo, aun cuando las aguas en torno al Cabo son particularmente peligrosas, debido a sus fuertes vientos, corrientes, oleaje y la ocasional presencia veraniega de icebergs.

Con la apertura del Canal de Panamá, un 15 de agosto de 1914 y los ferrocarriles en norteamérica, la navegación mercante alrededor del cabo se redujo notablemente, siendo utilizado en la actualidad únicamente por naves cuyo gran tamaño no pueden afrontar el paso centroamericano, ni aún después de la ampliación inaugurada años atrás.

Sin embargo, navegar en sus aguas está considerado todavía como uno de los mayores retos náuticos por lo que existen diversos eventos deportivos y turísticos que utilizan este paso, algunos como parte de a circunnavegación al globo, entre los que destacan importantes regatas de yates.

El nombre de cabo de Hornos proviene del neerlandés Kaap Hoorn en honor a la ciudad holandesa de Hoorn; en un caso típico de falsos amigos, el nombre fue tomado en español como «cabo de Hornos» confundiendo la denominación de la ciudad con la del término «horno».

El terreno carece por completo de árboles y está cubierto por hierba debido a las frecuentes precipitaciones. La zona del cabo de Hornos está además sometida a los efectos de los rayos ultravioleta que atraviesan el agujero sobre la capa de ozono que cubre principalmente el extremo sur del planeta.

Si miramos en detalle en la Isla de Hornos, cuando la llovizna, el viento y la niebla nos dejan ver, observamos que la Armada de Chile cuenta allí con una Alcaldía de Mar, compuesta por una casa para el farero y su familia, levantada en las inmediaciones del faro, con acceso al fanal desde el interior de la casa, que cuenta con varias habitaciones, sala de radio y de control de radar y ploteo de contactos de superficie detectados en el horizonte y equipos para medir y transmitir en tiempo real los datos meteorológicos y una capilla. A corta distancia de la estación se encuentra un monumento “al marinero desconocido” y un memorial en el que destaca la escultura del chileno José Balcells (ver nota) , la cual muestra la silueta de un albatros en vuelo, en homenaje a los marinos que murieron en las aguas del cabo de Hornos tratando de sortearlo. Ámbos fueron donados por la Cofradía de los Capitanes del Cabo de Hornos – Chile.

Asimismo, una placa recordatoria donada en el bicentenario de Robert FitzRoy (2005) por diversas entidades culturales y marítimas de Chile conmemora su desembarco en la isla el 19 de abril de 1830.

El Crown Princesa avanza firme y seguro, a pesar de que todas éstas rutas marítimas son reconocidamente peligrosas debido a los traicioneros williwaws, que son repentinas ráfagas de vientos catabáticos que pueden dificultar la navegación de un gran buque como el nuestro. Las amplias aguas del Pasaje de Drake al sur del cabo de Hornos, con un ancho de aproximadamente 650 kilómetros, también presentan severas dificultades sin embargo, la amplitud de las aguas en esta ruta permiten mayor maniobrabilidad que la encontrada en los angostos pasos que recorrimos antes de salir a mar abierto.

Aguas peligrosas

Variados factores se combinan en torno al cabo de Hornos, convirtiéndolo en uno de los hitos marítimos más peligrosos del globo terráqueo: algunos son las duras condiciones de navegación propias del Océano Austral, la geografía del paso al sur del Cabo y la extrema latitud austral de éste: 56ºS (en comparación, el cabo Agulhas al sur de África está a 35ºS y la isla Stewart en el extremo meridional de Nueva Zelanda, a 47ºS).

Los vientos que prevalecen en las latitudes bajo los 40ºS pueden moverse de oeste a este alrededor del planeta debido a la inexistencia casi absoluta de tierra, por lo que esta zona recibe el título de los «cuarenta bramadores», seguidos por los «cincuenta furiosos» y los aún más violentos vientos de los «sesenta aulladores». Estos vientos hacen que la mayoría de las naves que viajan desde el este traten de mantenerse lo más cerca posible de la latitud 40ºS; sin embargo, al rodear el cabo de Hornos, las naves deben adentrarse necesariamente a aguas de latitud 56º, en la zona de los vientos más fuertes. La fuerza de estos vientos es exacerbada en la zona por el “efecto embudo” provocado por los Andes y la Península Antártica, canalizando las masas de vientos al Pasaje de Drake.

Los fuertes vientos del Océano del Sur provocan a su vez altas olas, las cuales pueden alcanzar grandes dimensiones al rodear el planeta sin encontrar obstáculos terrestres. Sin embargo, en la zona del cabo de Hornos, éstas encuentran una zona de aguas poco profundas, lo que provoca que las olas sean más cortas y más empinadas, acrecentando el riesgo para los navegantes. Si la fuerte corriente en dirección este del Pasaje de Drake se encuentra con vientos en dirección contrarias, este efecto puede acrecentarse aún más. Adicionalmente, la zona al oeste del cabo de Hornos es particularmente conocida por sus olas gigantescas que pueden alcanzar alturas superiores a los 30 metros.

Los vientos predominantes crean particulares problemas para las embarcaciones que intentan rodear el Cabo en sentido contrario, es decir, de este a oeste. A pesar de que esto afecta a todas las naves de alguna forma, los más afectados son los tradicionales barcos mercantes, de gran francobordo o los cruceros como el nuestro que, con su banda (costado) de 300 metros de largo por 19 pisos de altura (que en realidad son 18 porque falta el piso 13) presentan una gran restistencia al viento que aquí ruge.

Finalmente, los hielos son también un importante obstáculo para los marinos al descender de la latitud 40º S. A pesar de que el límite de la banquisa pasa a bastante distancia del cabo de Hornos, los icebergs siguen siendo importantes peligros para las naves. En el Océano Pacífico Sur durante febrero, los témpanos se mantienen al sur de la latitud 50º, pero en agosto pueden llegar hasta los 40º Sur; el cabo de Hornos está bajo ambas latitudes.

Todos estos factores han convertido al cabo de Hornos, probablemente, en el paso marino más peligroso de la Tierra. Muchos barcos han naufragado y marinos han fallecido tratando de lograr la hazaña de pasar el Cabo.

Un poco de historia

Hasta ahora todo lo que leímos da cuenta de que fue Drake quien cruzó su pasaje por primera vez y de allí que lleva su nombre. Sin embargo y a pesar de que esto nos suene familiar como la historia de un “adelantado”, en 1525, el marino español Francisco de Hoces, que formaba parte de la expedición de García Jofre de Loaísa, se encontró con un temporal cuando trataba de cruzar el estrecho de Magallanes, lo que le obligó a viajar hasta los 55º de latitud sur, convirtiéndose en el primero en descubrir el paso al sur del cabo de Hornos, en el extremo meridional del continente, anticipándose en más de medio siglo al inglés Francis Drake. Debido a esto, en España y en parte de Hispanoamérica se llama Mar de Hoces al denominado Pasaje de Drake por los anglosajones. Evidentemente los sajones tuvieron más prensa y así quedó el nombre.

En septiembre de 1578, Sir Francis Drake, durante su circunnavegación al planeta, cruzó el estrecho de Magallanes en dirección del Océano Pacífico. Antes de continuar hacia el norte, una tormenta lo hizo detener su viaje y regresar hacia el sur de la Tierra del Fuego. La extensión de aguas que Drake encontró le hicieron suponer que la Tierra del Fuego no era un nuevo continente como se creía hasta ese momento, sino una isla. Este descubrimiento, sin embargo, fue desechado por los estudiosos de la época por lo que por muchos años se siguió utilizando el Estrecho de Magallanes como el paso más austral que separaba a América de la “Terra Australis”.

A principios del siglo XVII, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales mantenía el monopolio sobre todo el comercio holandés que utilizaba las vías del Estrecho y del cabo de Buena Esperanza, las dos únicas rutas conocidas que comunicaban a Occidente con el Lejano Oriente. Intentando buscar una ruta alternativa para sortear el monopolio, el comerciante holandés Jacob Le Maire decidió buscar un paso al sur del Estrecho de Magallanes que uniera los océanos Pacífico y Atlántico, basado en la hipótesis de Drake. Para ello contrató a los capitanes de alta mar Willem Schouten y a su hermano Juan para que armaran una expedición de dos naves, el Eendracht y el Hoorn las que zarparon del puerto de Texel, con la autorización del príncipe Mauricio de Nassau, el 14 de junio de 1615. Le Maire embarcó a su hijo Jacob Le Maire como su representante en la aventura.

El Hoorn sufrió un accidente y se incendió en las costas de la Patagonia, pero en enero de 1616, el Eendracht entró a un paso marítimo (conocido actualmente como estrecho de Le Maire) y, tras varios días de navegación, divisaron tierra hacia el sur. El cabo que avistaron fue denominado “Kaap Hoorn” en honor a los patrocinadores del viaje. En ese momento, el cabo descubierto fue considerado como el extremo austral de Tierra del Fuego. Debido a las inclemencias del clima, la expedición regresó a su origen y solamente en 1624 se investigó nuevamente, reconociendo que el cabo de Hornos se encontraba en una isla menor y no en la Tierra del Fuego propiamente.

Una muestra más de lo difícil que es la navegación en las aguas de la zona es que la Antártida, ubicada a sólo 650 kilómetros al sur cruzando el Paso Drake fue descubierta recién en 1820 aún cuando el cabo de Hornos fue ampliamente utilizado como una de las principales rutas de navegación por más de dos siglos.

Rituales marítimos

Desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX, el cabo de Hornos fue parte de la ruta mercante por la que circulaba la mayor parte del comercio mundial. Los barcos cruzaban el Cabo cargando algodón, granos y oro desde Australia hacia Europa, al igual que gran parte de los productos del Lejano Oriente. Además, era la única ruta marina que conectaba las costas Este y Oeste de los Estados Unidos. La alta cantidad de muertos en sus aguas no fueron impedimento para el desarrollo de esta peligrosa ruta marítima.

Tradicionalmente, un marinero que lograba superar el reto de rodear el cabo de Hornos recibía como condecoración un arete de oro en su oreja izquierda (el lado por donde se enfrenta al Cabo en el tradicional viaje hacia el este) y se le permitía cenar con un pie sobre la mesa; aquél que además lograba cruzar el cabo de Buena Esperanza, podía colocar ambos pies.

Con la apertura del Canal de Panamá, el uso de la ruta del cabo de Hornos decayó notablemente. El último barco carguero a vela que realizó la ruta a través del cabo de Hornos fue el Pamir, en 1949, en su viaje entre Australia y Finlandia.

Actualmente, a título deportivo, se sigue condecorando a aquellos que logran completar tan arriesgada travesía con un diploma que los consagra como «cap horniers».

Volviendo a nuestro Crown Princess, llegamos a la madrugada, en medio de un feroz vendaval de viento y oleaje (algo común en la zona). La isla estaba a proa nuestro y por los altavoces externos sonaba el relato del guía Julio Delgado en castellano e inglés, acerca de las condiciones del tiempo y la historia del cabo.

Subimos a la cubierta 7 y por el largo corredor de los botes accedimos por la escalera a la proa, en la cubierta 8. Sin embargo el feroz viento y el efecto “ventura” que provocaba el mismo diseño de dicho mirador, nos obligó a bajar nuevamente a la 7 para no volarnos (literalmente).

Desde allí pudimos apreciar la circunnavegación de la isla, que dejó claro la pericia de la tripulación del Crown Princess , la nobleza del diseño de la nave y la férrea construcción realizada en el Astillero Fincantieri.

Ya en la margen sur de la isla, el feroz viento del Este, hacía “hervir” el oleaje del mar que venía en sentido contrario. Este efecto que pulveriza el agua en la cresta de las olas, generando rociones de agua hacia sotavento de cada ola, es realmente impresionante y da una clara idea del vendaval que se está atravesando.

Luego, por dentro del barco subimos hasta el Spa, un mirador privilegiado desde la proa de la nave, y desde allí nos despedimos del Cabo de Hornos.

El Crown Princess , luego de esa aventura, puso proa a las Malvinas/Falkland, para brindarnos nuestra próxima escala. Por la noche, recibimos en nuestro camarote el diploma ya mencionado, firmado por el propio Capitán Vincenzo Lubrano.

Nuestra próxima escala:

El “Crown Princess” arriba a las Malvinas/Falkland

Más info sobre el Crown Princess y los demás buques de la flota Princess: Discover the World Marketing, tel. + 54 (11) 5274-1600 ó visite el Facebook de la compañía haciendo click aquí

Fuente: Noticias de Cruceros

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Ricardo Marengo

Periodista turístico argentino. Trabajó en las revistas: Weekend, Lugares y Buenos Aires Herald Travel Magazine. También en el suplemento Leisure & Travel del diario Buenos Aires Herald. Como representante de Seatrade Group llevó a cabo la Seatrade South America 2012. Es conductor radial y referente del mundo de los cruceros en su país. Es patrón de yate vela/motor e instructor de yachting para niños. Es voluntario de la Fundación Goleta Escuela Santa María de los Buenos Ayres. Fundador de Cruises News Argentina y Noticias de Cruceros. 

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