Desencuentro charrúa

El encuentro del Crown Princess y el Costa Pacifica en Montevideo pudo haber generado un encuentro periodístico, que no fue.

proas

Las proas del Costa Pacifica y del Crown Princess en Montevideo

A bordo del Costa Pacifica.- Durante la temporada de cruceros, los profesionales de Noticias de Cruceros viajan con frecuencia en los barcos que hacen escala en Buenos Aires. No es del todo inusual que -cada tanto- sus viajes se superpongan y que quienes tienen la responsabilidad de redactar los reportajes “on board” relatando sus experiencias se encuentren por casualidad en el mismo puerto. Tal el caso de quien escribe esta nota y del director de Noticias de Cruceros cuyos barcos, uno procedente de Valparaíso y el otro procedente de Buenos Aires, amarraron -casi a la misma hora- en el puerto de Montevideo.

En los Estados Unidos, cuando el tráfico vehicular es muy intenso, se habla de que los autos están “bumper to bumper” (paragolpes a paragolpes) en la autopista. En el caso de los barcos en que viajaba el director de Noticias de Cruceros -Ricardo Marengo- y quien redacta esta nota, podría decirse que ambos estaban amarrados a ángulo recto, “bow to bow” (proa a proa) en una misma dársena. Con capacidad para más de 4.000 cruceristas cada uno, el encuentro entre los dos representantes de Noticias de Cruceros no se produjo, por más que seguramente ambos hubieran en algún momento transitado por el emblemático Mercado del Puerto, llegado a la Ciudad Vieja por las peatonales Pérez Castellano y Sarandí, internándose luego en la Plaza Independencia y algunas de las cuadras más interesantes de la céntrica Avda. 18 de Julio. Pero el destino fue esquivo, y el encuentro no se produjo.

Es interesante destacar que cuando uno desembarca de un crucero, por más que conozca muy bien la escala, la mira con otros ojos, la saborea, la vuelve a descubrir -no como turista sino como viajero- y observa detalles que antes había ignorado. Así, en la primera escala de nuestro crucero transatlántico Buenos Aires-Savona, descubrimos facetas de Montevideo que en oportunidades anteriores no habíamos notado. Paseando por la “18”, unas cuadras después de Plaza Independencia siempre dominada por el histórico Palacio Salvo, descubrimos -a la altura de la calle Río Negro- un grupo escultóreo de inusual belleza y fuerza expresiva: El Entrevero. La gran escultura representa un enfrentamiento entre personajes montados a caballo. Rodeada por una fuente circular, este grupo de bronce rivaliza cómodamente con las tradicionales La Diligencia y La Carreta, emblemas de la ciudad.

Palacio Salvo

El Palacio Salvo en pleno corazón de Montevideo

También descubrimos un detalle interesante que afecta las compras y gastos realizados en territorio uruguayo. Si se abona con tarjetas de crédito emitidas en la Argentina la consumición en establecimientos gastronómicos, se obtiene un descuento automático e inmediato que, si no nos equivocamos, equivale al 20% de la compra. Además, si uno hace alguna compra y el comercio está adherido al sistema “Tax Free”, con sólo completar un sencillo formulario encontrará una oficina al lado mismo de su barco donde con un fácil trámite logrará que en no más de tres semanas le acrediten un 14,4% de total desembolsado a la tarjeta con la cual se pagó la compra.

La escala coincidió con el lunes de Carnaval: en la Ciudad Vieja paseamos al ritmo de sonoros conjuntos de redoblantes tambores que animaban la jornada con ritmos de candombe.

Tras zarpar y dejar atrás el Cerro, vimos cómo las aguas pardas del Plata se iban diluyendo en las azules del Atlántico, produciendo tonalidades verdosas insólitas. Ya en mar abierto, divisamos en las primeras horas de la noche la luces lejanas de Punta del Este y pusimos proa a nuestra próxima escala -Rio de Janeiro- para la cual harían falta dos días completos de navegación. Escuchamos a unos franceses hablar con preocupación de que -para llegar a Rio- el Costa Pacifica debería atravesar el Golfo de Santa Catarina que, según ellos, podía llegar a ser tan agitado como el Pasaje de Drake en el lejano sur…

La Santa, por ser verano, estaría de vacaciones porque el Pacifica navegó en un mar que parecía una verdadera llanura de agua, sin olas, rolido o cabeceo. De pronto será cierto aquello de que uno suele ver la brizna de paja en el ojo ajeno. En tan solo un par de horas de ferry-boat se cruza desde el norte de la isla italiana de Cerdeña hasta la vecina isla francesa de Córcega, atravesando el estrecho conocido como las Bocas de Bonifacio… ¡Ahí sí que los barcos se zarandean en forma inconcebible! Pero Santa Catarina se portó muy bien con nosotros y la pasamos sin darnos cuenta…

Un día más y estaríamos en la Cidade Maravilhosa donde teníamos un objetivo concreto: conocer el nuevo museo diseñado por el arquitecto catalán Calatrava. En Río, al lado mismo de la Terminal de Cruceros que hoy se llama Pier Mauá, iríamos a conocer esta joya de la arquitectura contemporánea, obra del autor del Puente de la Mujer emplazado en Puerto Madero, en Buenos Aires.

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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