Río de Janeiro en clave futurista

La escala carioca de nuestro equipo a bordo del Costa Pacifica presenta al clásico interrogante: ¿qué hacemos?, una solución futurista.

Museo del Mañana - Río

Edificio icónico realizado por el arquitecto Calatrava, donde está emplazado el Museo del Mañana, en la Plaza Mauá

A bordo del Costa Pacifica.- Tras dos días de plácida navegación, el Costa Pacifica atracó en la Terminal de Cruceros de la Cidade Maravilhosa, contigua a la Praça Mauá de la cual toma su nombre actual: “Pier Mauá” (algo así como “Muelle Mauá”). En Rio de Janeiro ocurrirían varias cosas, la más significativa de la cuales sería que el Capitán Antonio Modaffari que nos había traído desde Buenos Aires dejaría el barco y sería sucedido en el comando por su colega, el Capitán Paolo Viscafé. Esto no tiene nada de raro porque tanbién los capitanes cada tanto toman un descanso más que merecido en tierra firme junto a sus familias. Costa ofrece un amplio y variado abanico de opciones para excursiones en los puertos de escala y ciertamente Rio se presta para que las opciones sean muchas y muy atractivas, trece en total en este crucero. ¿Qué ocurre cuando uno ya conoce Rio como la palma de su mano, está casado con una auténtica carioca y ya ha hecho todas las excursiones en visitas pasadas? Ocurre que uno va dejando las opciones de lado y procura innovar. Si uno ya ha ido a los ámbitos irreemplazables como el Pan de Azucar, el Corcovado con el Cristo Redentor, Tijuca, Ipanema, Copacabana y tantas otras… ¿qué hace?  ¿Pasa el día a bordo, repite uno de los paseos, pasa el día en una playa o qué?  El año pasado habíamos llegado de Savona a bordo del Costa Fascinosa y habíamos ido a visitar la confitería más antigua y famosa de la ciudad, la Confeitaria Colombo, a pocas cuadras de la Terminal, en una paralela de la Avenida Rio Branco. Colombo viene a ser algo así como el equivalente de la igualmente famosa Tortoni de Buenos Aires, y no sólo es hermosa, sino que combina lo mejor de la pastelería con lo más excelso de su restaurante.

Frecuentemente hay que hacer cola para conseguir una mesa, y sumergirse en un mundo de antaño, óptimamente conservado, todo boisserie, mesas de mármol de Carrara, enormes espejos con marcos de añejo jacarandá, bronce y un refinamiento de una época que no volverá. Como no podría ser de otro modo en febrero, en Rio hacía calor – mucho calor. Resolvimos que lo mejor sería pasar unas horas en un lugar con sombra y aire acondicionado. En cercanías de la Terminal, a una distancia perfectamente “caminable” (con gorrita, máxime si uno hace tiempo que se ha despedido de una tupida cabellera) hay dos museos: el MAR y el Museu do Amanha. Optamos por el segundo, inaugurado en ocasión de los Juegos Olímpicos, que nos había llamado poderosamente desde el mar cuando el Pacifica había entrado en la majestuosa Bahia de Guanabara. Blanco, esbelto, con la apariencia del esqueleto de una ballena gigantesca, el museo ocupa una gran parcela de terreno sobre el mar y a muy pocos metros de la Terminal y de la Praça Mauá. Independientemente de lo que desubriríamos dentro del museo, nos fascinaba la idea de conocer de cerca una obra del renombrado arquitecto catalán Santiago Calatrava, autor de proyectos notables como el Puente de la Mujer en Puerto Madero, Buenos Aires, o del nuevo puente peatonal con piso de vidrio que se construyó hace muy pocos años en Venecia, casi frente a la estación terminal de trenes de Venezia-Santa Lucia. No nos arrepentimos y recomendamos a todos los huéspedes de Costa visitar esta extraordinaria obra de arquitectura de vanguardia y recorrer con calma las exhibiciones que contiene ya que el museo, a diferencia de sus congéneres, no exhibe obras de arte o colecciones, sino que es un museo didáctico de primerísimo nivel.

Alcanza con el lema del museo para entender de qué se trata: Amanha é hoje…e hoje é o lugar da açao (El mañana es hoy, y hoy es el lugar de la acción). Aun visitándolo a la rápida el mensaje llega con meridiana claridad. Por un lado el museo nos habla del ser humano, de su cerebro, de su genética, de sus valores. Al mismo tiempo nos habla del impacto que el ser humano tiene sobre el Planeta y de cómo los cambios se están sucediendo en progresión geométrica. Es fácil sacar sus propias conclusiones al salir del aire acondicionado del museo y desandar las pocas cuadras que lo separan del acceso a la Terminal: si seguimos utilizando mal los recursos del Planeta, éstos en algún momento nos faltarán y la vida en la Tierra no será para nada sencilla. Las exhibiciones en el interior del museo son impactantes y memorables, y hay que destacar que todos los textos y las pantallas interactivas no están sólo en idioma portugués, sino en perfecto castellano e inglés. En resumen, Costa lo trae a uno hasta pocos metros de un museo único en su tipo y le ofrece una oportunidad de vivir una experiencia esclarecedora de la cual uno emerge “iluminado”.

Fuente: Noticias de Cruceros

 

 

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes.
Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Director de Minerbi – Silveira Comunicación Corporativa.

 

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