Viaje vertical a la colonia

El “On Board” en el Costa Pacifica toca la bella Salvador de Bahía, ya en el norte de Brasil.

Fuente y plaza en Salvador de Bahía

Fuente y plaza en Salvador de Bahía

A bordo del Costa Pacifica.- Quienes elijen viajar en un crucero para sus vacaciones se acostumbran desde el primer día a dos “presencias” que definen un viaje por mar. La primera es obvia: cuando se viaja por vía marítima el mar está siempre presente, excepto en el tramo entre Buenos Aires y Montevideo en que el Río de la Plata (el Mar Dulce tal como lo bautizó Juan Díaz de Solís) reemplaza con sus aguas pardo-rojizas el azul del océano que según los geógrafos comienza después de doblar la renombrada Punta del Este… Pero hay otra presencia igualmente significativa que define y se identifica con un viaje por mar. Excepto en los momentos en que se navega cerca de la costa, o se está entrando o saliendo de un puerto, desde el barco sólo existe la línea horizontal, el horizonte -valga la redundancia- que marca el punto donde por efecto de la perspectiva se juntan virtual y ópticamente mar y cielo. El horizonte es una constante que rodea al barco, ya sea que nos apostemos en proa, popa, babor o estribor. No hay líneas que no sean horizontales: lo vertical no existe y todo se “horizontaliza”…

Quizás sea por eso que cada vez que hicimos escala en el puerto de Salvador de Bahia, no pudimos sustraernos a compensar el viaje “horizontal” con otro notablemente “vertical”. Bajamos del barco no bien las autoridades sanitarias brasileñas dieron su visto bueno y se arrió la bandera amarilla que flameaba en el mástil. Caminamos unas pocas cuadras rodeados del vociferante bullicio de la zona portuaria donde como corresponde nos acosaron taxistas, representantes de agencias de turismo y vendedores de todo tipo de artesanía hasta que cruzamos la avenida, llegamos a la puerta principal del gran mercado de artesanías -donde literalmente se encuentra de todo- y salimos de la puerta trasera de donde caminamos unos pasos más hasta el ingreso al famoso Elevador Lacerda en el que se apiñaba una considerable cantidad de “locales” y turistas deseosos de llegar en pocos segundos hasta el “bairro” alto. El precio nos pareció más que razonable: 15 centavos de real, que al cambio actual no superan los 5 centavos de dólar…

Subimos a uno de los cuatro ascensores y en pocos segundos de viaje vertical nos encontramos en el Pelourinho, el barrio alto de la ciudad, una joya colonial portuguesa notablemente conservada. Es algo así como llegar a Colonia del Sacramento en Uruguay y penetrar en el barrio histórico…sólo que el Pelourinho es infinitamente más grande y luce espléndidas iglesias barrocas. Otra diferencia notoria es que las casas, de planta baja o de un solo piso están pintadas “a la brasileña” de engamados tonos pastel. No es casual que la UNESCO haya declarado tanto a la Colonia rioplatense como al Pelourinho “Patrimonio de la Humanidad”.

Ya habíamos estado en el Pelourinho y resolvimos no innovar, y hacer lo mismo que otras veces. Deambular sin prisa por sus callejuelas entrañables y pintorescas, tratar de hacerlo por la sombra porque el calor es intenso, entrar y salir de infinitas tienditas, comprar alguna chuchería y luego parar en un hotelito “boutique” con su acogedor bar, donde disfrutamos de una temperatura más grata, de usar el WI-FI, mirar el ir y venir por la calle y disfrutar de una cerveza servida “estúpidamente gelada” como suelen decir allí. No dejamos de deleitarnos con una improvisada “batucada”, gozando del perfecto ritmo del redoble de tambores que nos transportó idealmente al África ancestral y sacando fotos de las matronas bahianas que circulan por doquier envueltas en amplios vestidos blancos y luciendo pañuelos o casi turbantes de vivos y llamativos colores…

No sabemos exactamente cuánto tiempo nos quedamos en ese ámbito mágico, pero fueron varias horas, ya que cuando repetimos nuestro viaje vertical en el elevador y volvimos al nivel del mar de la ciudad que fuera la primera capital del Brasil nos dimos cuenta de que el restaurante New York New York donde siempre almorzamos y cenamos en el Costa Pacifica ya había cerrado sus puertas y debimos hacer otro viaje vertical en ascensor hasta la cubierta 9, donde esta ubicado el surtidísimo y siempre muy concurrido restaurante La Paloma, de autoservicio.

Eran casi las seis de la tarde cuando oímos el toque de la sirena y el Pacifica empezó a despegarse del muelle poniendo proa hacia la que sería la última escala en Brasil, en Maceió.

Fuente: Noticias de Cruceros

Deja tu opinión

comentarios

Powered by Facebook Comments

Noticias de Cruceros viaja con BUQUEBUS Quiena - Invierta en las compañías de cruceros Carnival Cruise Line banner-costa-pie_noviembre-2016 Port Media - Haga click aquí

Alamo Rent a Car

Daily_Travelling_News Minerbi & Silveira Comunicación Corporativa Seguinos en Facebook Cruise Crew Only - Solo para tripulantes de Cruceros Artefisico

Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes.
Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Director de Minerbi – Silveira Comunicación Corporativa.

 

Tags: