Innovación a bordo, en alta mar

La tecnología y la tradición se unen en el segmento del cruce del Ecuador, a bordo del Costa Pacífica.

restaurante new york

Restaurante New York

A bordo del Costa Pacifica.- Zarpamos de Maceió el 5 de marzo a la tarde y casi 24 horas más tarde pasamos por el archipiélago de Fernando de Noronha, del cual por la hora sólo pudimos observar los contornos esfumados por la bruma. Esas islas serían lo último que veríamos del continente americano antes de amarrar cinco días después en Santa Cruz de Tenerife. Al adentrarnos en lo que el gran Almirante llamara “la mar océano”, no pudimos dejar de pensar en el coraje y la visión de Cristoforo Colombo (alias Cristóbal Colón…) quien -con tres diminutas y endebles carabelas- cruzó el Atlántico hasta echar anclas en el Nuevo Mundo. La navegación ha hecho pasos gigantescos desde aquel entonces y quienes tenemos la suerte de estar a bordo del Costa Pacífica en este crucero transatlántico pudimos -justo al promediar el viaje de Buenos Aires a Savona- ser testigos de la introducción de una notable innovación tecnológica directamente relacionada con la calidad del servicio. A partir de ahora Costa ha reemplazado las tradicionales “comandas” donde los mozos anotaban los pedidos de los huéspedes con modernos equipos tecnológicos muy semejantes por forma y tamaño a un común “smartphone”. Según pudimos entender, el pedido de cada comensal en almuerzo y cena se registra en el aparatito que lo transmite directamente a la cocina, con el consiguiente ahorro de tiempo y aceleración del servicio. Habrá que esperar un par de días hasta que todos se acostumbren a emplear con eficiencia esta nueva tecnología, pero los comentarios que pudimos recoger de mozos y maitres fueron muy positivos en su conjunto.

comanda electronica

La nueva app para registrar las comandas de cada mesa.

Las innovaciones no se detienen allí. Hubo otra que los huéspedes recibieron con beneplácito. Tras el cruce de Ecuador, el 9 de marzo hubo una nueva cena de gala (con un plato de langosta y otras delicias), previo a la se sirvió un cóctel que el capitán Paolo Viscafé ofreció a todos los miembros del siempre creciente Costa Club. Entre otras atenciones, a todos los presentes se les obsequiaría una foto con él; todos se plantearon con preocupación que al estar ya prácticamente colmada la capacidad de la platea del Teatro Stardust, se formaría una larguísima cola y un inexorable cuello de botella a la salida. ¡Pero no! En este caso la tecnología resolvió el problema. Cada huésped o pareja de huéspedes se situaba al entrar al teatro frente a un fondo con motivos marinos y los fotógrafos de a bordo les tomaban un par de fotos. Cuando llegó nuestro turno nos llamó la atención que el Capitán no posara con nosotros y supusimos que por sus responsabilidades habría tenido que regresar al puente de mando. Pero ése no era el caso y el fotógrafo nos sacó de dudas: “al Capitán lo sumamos después, para evitar aglomeraciones y esperas”. Como por arte de magia y -suponemos- de PhotoShop, en todas las fotos aparecería muy sonriente el Capitán quien, tecnología mediante, sería sumado a todas las tomas…

El segundo día de navegación oceánica presentó un par de hitos que demostraron a quien lo dudara que estábamos avanzando raudamente hacia las costas europeas. Por un lado, la noche anterior hubo que adelantar los relojes una hora más y, por el otro, al mediodía en punto se escucharon tres largos toques de sirena para anunciar que el Pacifica acababa de atravesar el Ecuador y había comenzado a navegar por el hemisferio norte. Si bien hacía el mismo calor húmedo de media hora antes…para nosotros había mágicamente empezado el invierno y el verano había quedado definitivamente atrás. El cruce del Ecuador es siempre fuente de descubrimientos. Por ejemplo, si uno llena el lavabo del baño de su cabina, verá que el remolino que produce el agua al desagotarlo “gira” en dirección opuesta a la que lo había venido haciendo desde Buenos Aires. Por otra parte, tampoco faltan comentarios inocentes de algún huésped primerizo que hacen sonreir a los viejos lobos de mar…

A poco de cruzar el Ecuador nos dirigimos al Restaurante New York New York, y captamos el delicioso diálogo de dos señoras de cierta edad ubicadas en la mesa al lado de la nuestra. Una le dijo a la otra: “¿Viste, Pilar, que hace un ratito cruzamos el Ecuador?” La otra respondió entre una cucharada y otra de sopa de verduras, “¡Sí, me enteré, pero habré mirado del lado equivocado porque no vi nada…!”

En el restaurante y en los varios bares del barco se nota por el comportamiento de los huéspedes que han ido pasando los días, que determinadas reticencias se han ido disipando y uno tiene la clara sensación de que ya todos hablan con todos. Las sobremesas se alargan, los cafecitos y los tragos se repiten y la gente que ya se está conociendo se saluda e intercambia unas palabras al cruzarse en ascensores, salones públicos y pasillos. La magia aglutinante del crucero ha instalado un ambiente de camaradería que una semana atrás aún hubiera sido impensable… Ya rige aquello de sentirse parte de un amplio grupo de gente que disfruta el viaje y que hace suyo aquel viejo dicho de “estamos todos en el mismo bote”…

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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