Una rápida visita a la “Ciudad Condal”

Barcelona es uno de los puertos emblemáticos (y más conocidos) del Mediterráneo. He aquí el relato de lo sucedido con nuestro equipo durante el paso del Costa Pacifica.

Barcelona

Puerto de Barcelona

A bordo del Costa Pacifica.- Cuando uno piensa en España, se le pueden ocurrir tantas cosas, pero si uno piensa en las grandes urbes peninsulares, es inevitable pensar en Madrid y en Barcelona. Entre ambas hay una secular rivalidad semejante a la que hay, en la otra gran península bañada por el Mediterráneo, entre Roma y Milán. A su vez, no es siquiera necesario ser un fanático del mejor fútbol para pensar en el Barça y -¿cómo no?- en Messi.

Habiendo hecho escala muchas veces en la Ciudad Condal, se nos ocurrió efectuar una visita diferente a las anteriores, en las que habíamos dado prioridad al Barrio Gótico, al Museo Picasso, a las ramblas, al Parque Güell y a las espléndidas obras realizadas por el gran arquitecto Gaudí y a su inacabada Sagrada Familia. Aquí también debía esperarnos un querido amigo, argentino trasplantado en España hace años, quien sin embargo no apareció a la cita que nos habíamos dado a la salida de la Terminal de Cruceros. Por suerte, lo que hubiera sido un triste desencuentro logró solucionarse por medio de los celulares. Tanto él como nosotros habíamos sido puntuales, pero había habido un contratiempo. Casi a la misma hora habían amarrado a “sólo” unas 11 cuadras de distancia el Costa Pacifica y la nave más nueva y grande de la flota Costa, el Costa Diadema. Entre ambas había amarrado también la nave de otra naviera. Al llegar al puerto, nuestro amigo tuvo la imprudencia de preguntar en la garita de entrada dónde había amarrado el barco de Costa. El encargado del “aparcamiento” no lo dudó y le indicó cómo llegar al Costa Diadema…del cual nosotros no desembarcaríamos jamás. Fue sólo cuando descubrió el error que tomó contacto con nosotros y así nos encontramos pero con un notable retraso. Nos recogíó con su flamante Alfa Romeo y nos llevó a hacer una recorrida que culminó en el barrio de Montjuic, algo así como el “cerro de los judíos”. Aparcó -porque en España se aparca y no se estaciona- y nos sugirió realizar un paseo “mecanizado” pues para subir a la zona más elevada han instalado modernas escaleras mecánicas que permiten hacerlo con total rapidez y comodidad. Desde lejos habíamos divisado una gran cúpula que supusimos formaría parte de una gran iglesia o basílica. No se trataba de eso, sino de un gigantesco museo, el MNAC, o bien Museu Nacional d’Art de Catalunya. El tiempo a nuestra disposición daba para una detallada visita a este moderno e impecable museo, por lo cual aceptamos la sugerencia de dedicar nuestra estancia en Barcelona a recorrer sus salas. No nos arrepentimos, ya que las colecciones son variadas y muy impactantes. Lo que más nos llamó la atención fue la colección de arte románico y gótico. La de arte románico es por demás llamativa, ya que consta de gran cantidad de antiguos frescos que para su conservación requerían una restauración especial y el empleo de la técnica de “arrancamiento” (“strappo”, en italiano), mediante la cual se “arranca” literalmente la pintura de la pared o muro sobre la cual ha estado por siglos y se la transfiere a una imitación de la pared, arco o cúpula en los que se encontraba en origen, realizada en una especial resina plástica inalterable. Por el contrario, en las salas dedicadas al período gótico se conservan grandes paneles de madera y retablos finamente pintados, todos ellos con escenas bíblicas, además de una notable exhibición de esculturas del mismo período. Nuestro amigo -a través de los años- fue adquiriendo una serie de modismos españoles que compartió con nosotros. Sabíamos bien que en España no hay duraznos, sino melocotones, que no hay subte sino metro, y que los alcauciles son alcachofas del mismo modo que los damascos son albaricoques. Pero lo que no sabíamos era que si uno quiere significar que de un punto a otro hay que caminar cinco “cuadras”, se debe decir cinco “calles”. La cuadra es otra cosa y es el sitio donde “aparcar” los caballos, es decir: un establo. A su vez, vimos que en el museo había grandes grupos de adolescentes que lo visitaban acompañados por sus docentes. Bulliciosos e inquietos como los adolescentes de cualquier parte del mundo, él se refirió a ellos como “niñatos” con un tonito algo despectivo. Descubrimos que se le dice así a un adolescente, y de preferencia cuando es molesto o se comporta, precisamente, como un adolescente… Al igual que en Málaga, nos llamó muy poderosamente la atención el orden y la extrema limpieza reinantes en todas las calles. Nuestro amigo nos explicó que eso es algo relativamente reciente, y que responde precisamente a la noción de que el turismo es muy importante para las finanzas españolas, que crea puestos de trabajo y que acerca España al mundo. Ha habido campañas orientadas a crear conciencia de esto y han encontrado un terreno muy fértil en los ciudadanos, no sólo de la Generalitat, sino de todo el país.

El resto del tiempo a nuestra disposición lo dedicamos a recorrer las anchas avenidas de la ciudad en auto, parando para sacar fotos de lo más notable y para observar de cerca algunos de los teatros más importantes, entre los que se destaca el Teatro Lliure (Teatro Libre) situado en el corazón de Montjuic.

Cerca de allí hay un gran parque con marcados declives embellecido por una frondosa y variada arboleda. En un momento dado escuchamos el alboroto que sólo saben producir grandes cantidades de cotorritas verdes. Nos pareció extraño y así se lo comentamos a nuestro amigo. “¡Sí!”, fue la respuesta… “Aquí les dicen “cotorras argentinas”. Ante nuestra expresión de extrañeza ahondó en el tema. “Según parece un argentino, tiempo atrás, había traído consigo una cotorras en una jaulita. Un día se había cansado del barullo que hacían y las había puesto en libertad. Se conoce que el aire de Barcelona les fue propicio y comenzaron a multiplicarse a ritmo creciente, entrando en rivalidad con las abundantes palomas”.  Se nos ocurrió pensar que así como España siglos atrás había colonizado buena parte de América, nos estábamos tomando la revancha y habíamos comenzado a colonizar España a nuestra vez, no con adelantados y soldados, sino con nuestras vociferantes y verdes cotorras…

Cuando regresamos a bordo del Pacifica encontramos al barco mucho más despoblado que a la hora del desayuno: es que muchos “hispanohablantes” habían desembarcado en Barcelona y no seguirían viaje a Marsella o Savona. Darnos cuenta de eso nos entristeció un poco: de los 22 días de crucero transatlántico, ya sólo quedaban dos…¡y pasarían demasiado pronto! Pero nuestro humor cambió de golpe cuando fuimos a consultar en la oficina de excursiones y descubrimos que Costa había previsto un servicio de traslado desde la Terminal de Cruceros hasta las estaciones ferroviarias de la misma Savona o la de Milán. Como nuestro viaje prevé como próxima etapa la capital de Lombardía, no lo pensamos mucho y nos anotamos. El trámite nos simplificaría mucho la vida: esperaríamos a bordo hasta la hora de salida del ómnibus, y en un par de horas llegaríamos a la Stazione Centrale de Milán con todo nuestro equipaje, evitando el trajín de tener que ir a la estación de Savona y tomar un tren regional hasta Milán, que nos preocupaba un poco…  Al regresar a bordo nos enteramos también de otra novedad: el Director de Crucero, Paolo, había desembarcado para embarcarse en el Costa Diadema y había sido reemplazado por una directora, de nombre Tiziana. De manera que en este crucero no sólo cambiamos de capitán en Rio, sino de director de crucero en Barcelona, lo cual da prueba de la dinámica que anima la vida de quienes integran la tripulación y la oficialidad de estas verdaderas ciudades flotantes.

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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