Dioses, hechiceros y magos del mar

Siempre han existido creencias y supersticiones respecto del mar. En esta ocasión hemos recibido del escritor Natalio Marengo un relato inédito, que nos dejará pensando cuánto de esto ha llegado hasta los cruceros modernos.

Anelito_Montesarchio

El capitán Anelito Montesarchio nos muestra orgulloso los ajos y la cinta roja en su puente de mando del Costa Mediterranea.

Todos los marinos, ya se trate de tripulantes de un junco chino o de un moderno crucero, siempre han sido consientes de enfrentarse con fuerzas muy superiores a ellos. Desde que el hombre se lanzó a flotar sobre un tronco, se sintió a merced de un elemento que parecía tener vida propia. El impredecible mar podía tanto mostrarse amistoso y llevarlo a destino sin problemas, como provocarle un viaje violento y peligroso. En algunos casos podía también con su furia, devorarlos junto con su embarcación. Por eso es comprensible que en los primeros tiempos, los marinos fueran muy cuidadosos de rendir homenaje a los poderosos dioses del gran abismo.

Probablemente el peor y más horrible de los dioses del mar fue el Dagón de los fenicios, mitad hombre y mitad pez, al que hacían sacrificios propiciatorios. Los romanos creían en el poderoso Neptuno que surgía de las aguas con su gran tridente. Los griegos tenían a Poseidón, en cuya ira incurrió Ulises cuando cegó a su hijo, el cíclope Polifemo.

Por eso Ulises fue condenado a deambular durante años por el mar, entre tormentas y tempestades.

Los vikingos tenían su propio dios del mar, junto a Vindvall, dios de los grandes vientos. También estaba Aegir, dios de los helados mares del norte y su mujer, la pelirroja Ran, que atrapaba en sus redes las almas de los marinos muertos. Así los vikingos solían decir de sus camaradas desaparecidos que habían sido llevados por Ran.

Ritos que perduran hasta hoy

Los marinos primitivos tenían numerosas formas de propiciar la benevolencia de los invisibles amos del océano. Para ello llevaban calaveras en las proas de sus naves o en el tope de sus mástiles. Esta práctica se cambió con el tiempo por dragones y serpientes talladas en los extremos de sus barcos y, en los últimos siglos, dió origen a los mascarones de proa que adornaban orgullosamente los antiguos veleros.

También hacían sacrificios a los dioses derramando leche o vino, de allí nace la actual costumbre de bautizar a los barcos con champagne.

Muchos marinos de todo el mundo adornan sus embarcaciones con ojos.

Se cree que esto proviene del antiguo Egipto, donde el “Oculos”, era una representación del dios Horus. Hasta hoy, cuando un marinero se refiere en inglés a algo situado a proa de su nave, suele decir “in the eyes of the ship” o sea “en los ojos del barco”.

En las primeras épocas del cristianismo, la Virgen María se convirtió en la protectora de los navegantes y una de sus advocaciones sigue siendo la de “Stella Maris”, patrona de los marinos.

En la antigüedad, se colocaba en un lugar preponderante de la cubierta de popa un gran crucifijo y aun en la actualidad se conserva la costumbre de que los marinos, al subir a un barco, saluden hacia esa parte de la cubierta, donde una vez estuvo entronizada la cruz.

Llamando al viento

Hay muchos tabúes que deben observarse cuidadosamente a bordo. Por ejemplo, cabras, cerdos, liebres y zorros eran animales que tenían familiaridad con las brujas, por lo tanto nunca debían ser mencionados por sus nombres porque traían mala suerte. Si, por casualidad, uno de estos animales era nombrado, el maleficio debía ser expiado escupiendo de inmediato hacia sotavento. Sobre todo, nunca se debía silbar a bordo por temor de convocar a Eolo, que tiene encadenados a los vientos de los cuatro puntos cardinales en una caverna del monte Haemus. Un antiguo mito cuenta como Eolo dió a Ulises una bolsa atada con un cordón de plata. En ella estaban los vientos peligrosos y desfavorables, apresados para ayudarlo a regresar a su hogar sano y salvo. Lamentablemente un entrometido tripulante -nunca falta alguno a bordo- abrió la bolsa dejando escapar los vientos con el resultado de que el barco de Ulises fue arrastrado a la costa donde naufragó.

Desde tiempos inmemoriales, los marinos han creído en el poder de ciertas personas para atraer los vientos a voluntad, el Rey Eric VI, que reinó en Suecia en el siglo X, era conocido como “Eric Sombrero de Viento”, y es un buen ejemplo. Sus marineros creían firmemente que podía atraer el viento en la dirección deseada con sólo apuntar con el pico de su sombrero hacia el lugar requerido.

La creencia de los marinos en la existencia de brujas con poder sobre los vientos, persistió hasta épocas recientes. Una vieja escocesa llamada Maggie Forsythe, acostumbraba vender bolsitas de viento a los capitanes de veleros que querían evitar las encalmadas. Y esto ocurría en 1814.

Maggie tenía la precaución de advertir a sus clientes que nunca dejaran escapar todo el viento de una sola vez, sino que lo hicieran salir de a poco para evitar que se produjera una tempestad. Existen testimonios de la época, donde se asegura que Maggie era tratada con mucho respeto por grandes capitanes escoceses quienes aseguraban que ella tenía mayores conocimientos del océano que cualquier marino de entonces.

Asi como muchas tribus tienen sus hechiceros y curanderos, los marinos embarcaban sus brujos y magos que tenían dominio sobre los elementos. Los más expertos en esta extraña forma de magia, eran los Islandeses y los Finlandeses. Se decía que podían atraer el viento con sólo silbar y llamarlo diciendo: “Ven hermano viento, querido hermano viento” o metiendo unas runas escritas en un trozo de paño en la boca de una cabeza de pescado colgada a tal efecto sobre el Mástil, en la dirección requerida.

Ya en la época de los clippers, si había un finlandés entre la tripulación durante una encalmada, era requerido por el capitán para que silbara al viento. También era posible atraerlo clavando un cuchillo en el mástil con el mango hacia donde se precisaba (esto no es muy aconsejable en los yates actuales ya que si el mástil es de aluminio, sólo conseguiremos mellar el cuchillo y si es de madera, en unas cuantas veces podemos debilitar el palo y cuando finalmente venga el viento, probablemente terminaremos desarbolando).

Pero volviendo al marinero finlandés, se dice que pronunciaba encantamientos que, de alguna manera, parece que atraían los vientos deseados. Por eso siempre eran tratados con temor y respeto ya que, si se disgustaban, también podían atraer vientos desfavorables.

Richard Henry Dana (1815-1882) cita en su libro “Dos años al pie del mástil” una historia referente a estos marinos finlandeses. Cuenta que en una oportunidad uno de ellos discutió con el capitán de un barco y en venganza convocó vientos desfavorables. El capitán -que era un hombre muy práctico- hizo encerrar al marinero y lo mantuvo con una dieta de pan y agua. A los pocos días, el hechicero consideró que sería conveniente llamar de nuevo a los vientos favorables y asi lo hizo.

Muchos autores opinan que ninguno de estos métodos han dado resultado en las calmas del Río de la Plata y yo estoy de acuerdo con ellos.-

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Fuentes: Gentileza Natalio Marengo / Noticias de Cruceros

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Natalio Marengo

Escritor, navegante, periodista, decorador e historiador. Nació en Buenos Aires y se radicó desde su adolescencia en Mar del Plata (Argentina). Los primeros años de su trabajo fueron dedicados al dibujo publicitario y diseño industrial. Con una ciudad donde la construcción desbordaba en nuevos estilos, desde el 1962 hasta al '99 se dedicó ininterrumpidamente a la decoración, instalación de negocios, hoteles y diseño de muebles, realizando en total 532 obras esparcidas principalmente en Mar del Plata, Buenos Aires y el resto del país. Sus viajes, entre los años 1974 a 1984, visitando algunos países de América, España, Francia e Inglaterra, profundizaron sus conocimientos con valiosa documentación. Entre sus actividades se cuentan la de docente en decoraciones, historia del mueble e historia del arte; de columnista en diarios y revistas internacionales; y de conferencista brindando charlas y audiovisuales de los temas que le competen. Libros publicados: Desde la Bohardilla (1990) - Fábulas Elementales (1991) - De Cara al Mar (1993) - Historias del Mar (1999) - Génesis (2003) - Guía de otra Mar del Plata (2007) - Mercado de Pulgas (2009) - Historias del Mar (2° edición con más páginas e historias) (2013) 

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