El placer de viajar por mar

Aprovechando estas pascuas, Natalio Marengo, nos ha acercado otro de sus relatos, que ilustra los inicios de la pasión por recorrer los mares.

Natalio_Marengo

El autor de la nota disfrutando de un crucero (foto archivo)

Existen muchas razones que impulsan al hombre a abandonar su condición de animal terrestre y adentrarse en los mares. Desde los albores de su conciencia lúcida, el ser humano sintió necesidad de encontrar la forma de poder surcar ese océano que lo rodeaba por todos lados y cuya superficie, lo supo mucho después, cubre más de los dos terceras partes del globo terráqueo, para ser precisos, un 71% y va en aumento.

Algunos se internaron por necesidad, los llevó a ello el comercio o la guerra, otros buscaban su sustento en la pesca, o también investigar para ir aumentando sus conocimientos científicos.

Pero también hubo otros, aquellos que gustaban del placer de surcar su superficie de apariencia infinita y admirar desde el mar los mil detalles que no podemos apreciar desde tierra.

Los primeros en viajar por curiosidad o, como diríamos hoy, los primeros en hacer turismo, fueron aquellos monarcas que tenían la posibilidad de solventar sus propios barcos, lujo nada accesible a los pobladores de sus imperios. Cleopatra y los Tolomeos tuvieron sus navíos de placer en la antigüedad, el sabio Arquímedes diseñó uno para el rey Gerón de Siracusa (315-271 a.C).

Enorme para la época, con 108 metros de eslora y 30 de manga.

Navío Real de Cleopatra

Navío Real de Cleopatra (según la versión de Hollywood de 1963)

Durante el Imperio Romano, algunos ciudadanos ricos tuvieron la posibilidad de viajar por mar. Uno de los destinos más solicitados eran las islas griegas y, cruzando el Mediterráneo, llegar a Alejandría en Egipto. En especial durante el invierno (temporada alta) buscando el benigno clima africano.

Pasarían muchos siglos hasta que la humanidad volviera a tener la ocasión de hacer turismo por mar. Durante la Edad Media las condiciones eran muy difíciles y peligrosas, y al promediar el siglo XV los viajes eran solo para el descubrimiento de nuevas tierras que conquistar, nuevos mercados para abrir al comercio o simplemente transportarse para colonizar las ya conquistadas.

El comercio de esclavos estableció luego, durante algunos siglos, condiciones infrahumanas para los viajeros, que sin duda eran involuntarios.

No obstante en esa época y hasta el advenimiento del vapor, hubo algunos pasajeros que disfrutaron del mar. Claro que los veloces “Clippers”, veleros de líneas afiladas, no eran demasiado cómodos y había que soportar largas singladuras con agudos ángulos de escora que resultaban muy incómodos al pasaje, en especial durante las comidas.

Un día llegó el motor, las primitivas ruedas fueron reemplazadas por la hélice, el motor a vapor por las turbinas y el carbón por el petróleo. En 1858, Isambard Kingdom Brunel construyó el Great Eastern, primer barco de hierro de 210 metros de largo, con ruedas, hélice y seis palos con velas. Al no existir denominación náutica para todos ellos, se les asignaron, para que la tripulación los identificara, los nombres de los días de la semana, de lunes a sábado. Una pasajera, al enterarse, preguntó: “¿Y el domingo?”. El capitán respondió:”A bordo del Great Estern, no hay domingos, señora.”

La industria naval tardaría 50 años en botar un barco de mayor tonelaje.

Durante el siglo XX los barcos fueron modificándose y aumentando su tamaño, velocidad y confort. Muchos de ellos eran paquebotes de carga y pasajeros, los había de dos y tres clases. La tercera era ocupada por los numerosos inmigrantes que escapaban de Europa, asolada por las guerras, para buscar una nueva vida en América. Las otras dos clases eran ocupadas por los pasajeros que por placer u obligaciones comerciales o laborales, debían cruzar el Atlántico entre Europa y las Américas, pero también en viajes más cortos dentro del mediterráneo o más largos por el Pacífico y el Indico.

Recién a mediados del siglo la aviación comenzó a reemplazar a los buques, dada su mayor rapidez y por un tiempo, pareció que los transatlánticos de pasajeros habían llegado a su fin y que solo el comercio usaría el mar para transportar sus mercaderías.

Sería absurdo negar las ventajas que los viajes por aire han traído, en especial el ahorro de tiempo, pero sin embargo, también han quitado, a quién no tiene apuro, el placer de estar algunos días en el mar y disfrutar de la vida de abordo. Por eso comenzaron a surgir, ya a fines del siglo XX, una serie de “cruceros” donde lo importante no era el destino, sino el gozar del viaje.

Esto sumado al confort y seguridad de los mismos, hizo que fueran superándose, en especial en las amenidades incluidas en ellos para disfrutar la vida a bordo, hasta convertirse en verdaderos hoteles de cinco estrellas que nos permiten vivir por unos días rodeados de un lujo y placer que hubieran envidiado Gerón o Cleopatra.-

Si desea conocer más “Historias del Mar” visite El Pulpo Negro Ediciones

Fuentes: Gentileza Natalio Marengo / Noticias de Cruceros

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Natalio Marengo

Escritor, navegante, periodista, decorador e historiador. Nació en Buenos Aires y se radicó desde su adolescencia en Mar del Plata (Argentina). Los primeros años de su trabajo fueron dedicados al dibujo publicitario y diseño industrial. Con una ciudad donde la construcción desbordaba en nuevos estilos, desde el 1962 hasta al '99 se dedicó ininterrumpidamente a la decoración, instalación de negocios, hoteles y diseño de muebles, realizando en total 532 obras esparcidas principalmente en Mar del Plata, Buenos Aires y el resto del país. Sus viajes, entre los años 1974 a 1984, visitando algunos países de América, España, Francia e Inglaterra, profundizaron sus conocimientos con valiosa documentación. Entre sus actividades se cuentan la de docente en decoraciones, historia del mueble e historia del arte; de columnista en diarios y revistas internacionales; y de conferencista brindando charlas y audiovisuales de los temas que le competen. Libros publicados: Desde la Bohardilla (1990) - Fábulas Elementales (1991) - De Cara al Mar (1993) - Historias del Mar (1999) - Génesis (2003) - Guía de otra Mar del Plata (2007) - Mercado de Pulgas (2009) - Historias del Mar (2° edición con más páginas e historias) (2013)