Cruceristas abstemios, abstenerse.

Llegamos en avión al puerto francés que se está posicionando como una de las principales escalas europeas y descubrimos que, en algunos ámbitos, los abstemios no están bien vistos.

Museo la Cite du Vin - Abstemios abstenerse

Museo la Cite du Vin

Puede resultar sorprendente que al comenzar a redactar una nota sobre escalas de cruceros se deba citar a un clásico entre los clásicos, nada más ni nada menos que el emperador romano Julio César.

Además de emperador, César fue un gran estratega militar y uno de los más detallistas historiadores.

Quizás su obra “De bello gallico” sea la más recordada, y no sólo por los estudiantes secundarios que debieron traducir sus párrafos para aprobar la asignatura de latín.

César comienza con una breve introducción en la que hace referencia a los habitantes de la Galia, que hoy en gran medida ocupa Francia. “Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam Aquitani, tertiam qui ipsorum lingua Celtae, nostra Galli appellantur”.

Dicho en castellano, esto equivale a “La Galia, en su conjunto, se divide en tres partes, una de las que habitan los Belgas, otra los Aquitanos y la tercera quienes en su idioma son los Celtas y en el nuestro los Galos…”

El texto del emperador nos resultó muy útil -pocas semanas atrás- cuando abordamos no un navío sino un confortable avión de Air France para un breve periplo reservado a cinco periodistas.

Volaríamos a París, desde ya, pero no pararíamos allí salvo para cambiar de avión en el Aeropuerto Charles De Gaulle. Nuestro destino era Biarritz, en el País Vasco francés.

De allí seguiríamos viaje por tierra en Aquitania, o mejor dicho, la región de Nouvelle Aquitaine (Nueva Aquitania) creada en 2016 con la integración de otras tres – Aquitania, Lemosin y Poitou-Charentes.

La región es hoy la más extensa de Francia y supera en superficie a todo el territorio de Austria. Disfrutamos mucho de Biarritz que resume todo lo que puede esperarse de una gran ciudad balnearia.

Es la capital del “surf” en Francia y nos quedó inmediatamente claro que sirvió de inspiración a la arquitectura que de buenas a primeras definiríamos “marplatense”. Poco faltó para que de pronto culpáramos al “jet lag” del hecho de sentirnos en Mar del Plata: una serie de edificios de Biarritz efectivamente tienen un más que estrecho parentesco con el estilo del Hotel Provincial y del Casino de la “feliz”.

Biarritz es una ciudad de playa y mar pero no es una escala de cruceros. Sí lo es, sobre la costa de la Bahía de Vizcaya que Francia comparte con España, el renombrado puerto de Saint-Jean de Luz, al que sin embargo no llegamos.

Para nuestra total sorpresa, el gran puerto, escala de cruceros fluviales y oceánicos, con barcos de hasta 280 metros de eslora, se encuentra a unos 200 Kms de Biarritz, y no es un puerto marítimo sino fluvial, como Buenos Aires.

Una de las antiguas puertas de Bordeaux

Una de las antiguas puertas de Bordeaux

El puerto es el de Bordeaux –o Burdeos en su versión castiza- una hermosísima ciudad que desconcierta al visitante que no sabe si definirla como una “pequeña París” o bien si a París debiéramos considerarla una “gran Bordeaux”.

Claro, hay una notable diferencia. El Seine (Sena), comparado con el río burdalés, el Garonne (Garona) es un hilo de agua, ya que éste tiene la majestuosidad de un Paraná o un Uruguay.

Bordeaux, no apta para abstemios

La ciudad de Bordeaux se extiende a lo largo de la costa del río, en ambas márgenes. Hay tantísimo que hacer allí y para todos los gustos, pero hay algo absolutamente único e imperdible, muy lógico para la capital de Nouvelle Aquitaine que es también el epicentro de la actividad vitivinícola de Francia. Se trata de un flamante y gigantesco museo “La Cité du Vin” (La ciudad del vino) que ocupa un impactante edificio cuyas extrañas formas nos obligaron a consultar a un amable aquitano.

El museo parece recordar una torre trunca de base circular que se apoya en una estructura que nos pareció ser una gigantesca y redondeada ola.  Nada de eso: lo que tomamos por una torre es de hecho la representación de una descomunal botella, en cuyos últimos dos pisos hay en excelente restaurante donde a uno lo miran mal si pide agua o gaseosa, y encima de éste un panorámico “belvedere” circular donde –incluida en la entrada- se puede degustar una copa de vino a elección entre varios cepajes. Pero lo que más sorprende es la base de la botella con su forma de ola.

La vinoteca de la Cite du Vin - Abstemios abstenerse

La vinoteca de la Cite du Vin

Nuestro interlocutor nos explicó que se trata de la versión arquitectónica de las “olas” circulares que se forman en una copa de vino mientras se la llena con un “decanter” o una botella del mejor tinto. En el museo, uno recorre la historia del vino que se remonta a miles de años atrás y va interiorizándose de todas las etapas de la producción.

Desde ya, hay más de un “aula” donde se realizan experiencias de cata bajo la guía de expertos “sommeliers”.

Dos ámbitos nos llamaron poderosamente la atención: hay un “museum store” donde todo lo que se propone está relacionado con el vino. Por ejemplo, no recordamos haber visto más sacacorchos juntos en nuestra vida.

Cerca de allí, hay una vinoteca perfectamente circular donde hay literalmente miles de botellas de vino francés. Sin embargo, no faltan los mejores vinos de otras partes del mundo, entre los que, muy cerca el uno del otro, vimos varias botellas de excelentes vinos provenientes de ambas laderas de la Cordillera de los Andes.

Subimos al último piso y llegamos al Belvedere con su barra curvilínea donde se podía elegir una copa entre una serie de opciones. Nos hizo gracia, pero nos pareció razonable, que cerca de cada puerta que llevaba al mirador circular, hubiera señales como las que indican la prohibición de usar el celular, sacar fotos o fumar, éstas con la imagen de una copa negra cruzada por una diagonal en un círculo también rojo. ¿El motivo? No se debe salir al aire libre copa en mano.

Puente levadizo sobre el Garonne en Bordeaux

Puente levadizo sobre el Garonne en Bordeaux

La cata es “adentro” y el panorama es “afuera”.  Al salir, disfrutamos desde mucha altura de una vista espectacular del Garonne, y divisamos allí abajo, muy cerca del museo un impactante y modernísimo puente levadizo que franquea el paso a los grandes cruceros que se internan en el río hasta el puerto yendo y viniendo desde el Atlántico que debe esta a unos 75 Kms de allí.

En una amable charla que mantuvimos en perfecto castellano con Monsieur Michel Durrieu, Director General de Turismo de la Región de Nouvelle Aquitaine, quien pasó un tiempo trabajando para la Embajada de Francia en Buenos Aires, nos enteramos que Francia está apostando muy fuerte al turismo y que aspira a posicionarse como una de las grandes metas del turismo internacional y –dentro de éste- del crucerismo mundial.

Bordeaux no se queda afuera, y está apostando muy fuerte a su puerto que es el mejor modo de ingresar a la zona viñatera más importante de Francia, y dentro de ésta, la que rodea la pequeña ciudad de Cognac, sede de las mayores y más renombradas destilerías de la refinada y muy añeja bebida homónima.

Para mayores datos sobre los cruceros que pasan por Bordeaux consulte a su agente de viajes.

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes.
Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Director de Minerbi – Silveira Comunicación Corporativa.