Itinerario “fascinante”: Buenos Aires – Río de Janeiro

Un nuevo “On Board” ha puesto a nuestro equipo comandado por Guido Minerbi, a bordo del Costa Fascinosa, con el doble objetivo de relevar el periplo y dictar un curso de cine a bordo de este “fascinante” crucero.

La típica fisonomía de la "Reina del Plata" nos despide en el "on board" transatlántico (fascinante foto de Martín Leonetti)

La típica fisonomía de la “Reina del Plata” nos despide en el “on board” transatlántico (fascinante foto de Martín Leonetti)

Buenos Aires, Argentina. El domingo 11 de marzo llegamos temprano a la Terminal de Cruceros Benito Quinquela Martín, recordando el dicho de las sabias abuelitas que solían predicar que al que madruga, Dios lo ayuda. Y así fue: Dios se hizo sinónimo de eficiencia y tras una espera de pocos minutos ya habíamos pasado por el detector de metales, por Migraciones y abordado el ómnibus verde que nos llevó hasta el costado del Costa Fascinosa cuya fulgurante mole blanca estaba esperándonos pronta a recibirnos.

Era temprano y nuestra cabina estaría lista a las 14:00, lo cual nos dio tiempo suficiente para almorzar en el restaurante de autoservicio Tulipano Nero en la cubierta 9 y luego para disfrutasr de un reconfortante, aromático “cappuccino” en el grandioso Grand Bar Topkapi. Ya habíamos viajado en el Fascinosa en un crucero anterior, por lo cual resolvimos descansar en nuestra cabina (la 7345) -en la cubierta 7 (Zivago)- hasta que llegara nuestro equipaje.

Como otras veces, ingresar a la cabina tuvo algo de mágico y emblemático. Uno toma posesión del que será su hogar flotante por los próximos 18 días, hasta que la nave atraque en el puerto de Savona, muy cercano a Génova.

Lo primero que hicimos fue salir al balcón, desde el cual tuvimos una vista panorámica del puerto y de cientos y cientos de contenedores que forman grandes torres semejantes a una construcción hecha con los ladrillitos de un “Lego” gigantesco.

La noche anterior habíamos dormido poco y nada por haber estado preparando nuestro equipaje, por lo cual al rato, terminada la inspección, nos quedamos profundamente dormidos.

Golpearon a la puerta para avisarnos que nuestras valijas ya habían llegado. Las abrimos y empezamos a colgar la ropa en las perchas y a llenar los cajones. La “toma de posesión” de la cabina se completó cuando nuestros cepillos de dientes estuvieron cada uno en un vaso al lado del lavabo, en el baño.

Parece mentira, pero algo tan sencillo y elemental como un cepillo de dientes “marca el territorio” y si mi cepillo está allí, significa que éste es mi hogar.

No tuvimos tiempo de reanudar nuestra siestita: por los altavoces ya anunciaban en una miríada de idiomas que dentro de pocos minutos comenzaría el “drill” -o simulacro- mediante el cual uno se entera de detalles que en una supuesta emergencia pueden ser vitales como encontrar en el armario los chalecos salvavidas, aprender a colocárselos adecuadamente, conocer el punto de reunión (“Muster Station”, en inglés) en la cubierta 3 y atender una vez allí las explicaciones de los tripulantes encargados de capacitar a los huéspedes.

El “drill” se repite en varios idiomas, y durante el mismo uno se interioriza de cómo suena la sirena de la nave en el caso de que sea necesario dirigirse al punto de reunión designado con ropa abrigada, calzado sin taco las mujeres, anteojos, documentos personales y los medicamentos que se deben tomar sí o sí. Siempre llama la atención que algunos huéspedes refunfuñen por tener que participar en este “drill” absolutamente obligatorio por reglamentaciones internacionales. Es extraño que lo hagan, ya que no lo harían en un avión cuando las azafatas demuestran por enésima vez cómo abrochar y ajustar el cinturón de seguridad y cómo localizar las salidas de emergencia.

Uno se pregunta si no será por pereza, ya que el “drill” en el barco implica estar de pie unos veinte minutos, con el chaleco naranja puesto, frente a la que en caso de necesidad será la embarcación designada.

Terminado el “drill” todos regresamos a nuestras cabinas y fue sólo por los tres toques de sirena que nos dimos cuenta de que ya estábamos alejándonos del muelle.

El crucero fascinante transatlántico había comenzado en un atardecer soleado y fresco, que nos recordaba que el verano ya está terminando y que en un par de semanas comenzará el otoño austral.

A diferencia de otros años, pasaríamos por alto Montevideo y pondríamos proa directamente hacia la “cidade maravilhosa”, ésa que de acuerdo con la canción tiene “encantos mil”: Rio de Janeiro.

Cenamos en el segundo turno, a las 21:45, porque el de las 19:00 nos pareció (perdón, sabias abuelas) demasiado “madrugador”. Luego dimos una vuelta por cubierta para observar algunas lucecitas en la lejanía, y divisar las luces titilantes de las boyas que marcan el canal dragado que lleva en dirección a Montevideo y al mar abierto. Luego nos acostamos para recuperar un poco del sueño perdido en los días intensos que habían precedido la zarpada.

A la mañana siguiente, consumimos un generoso desayuno en el restaurante Gattopardo de popa con sus amplios ventanales sobre la estela misma del barco. No es casual el nombre de los dos mayores restaurantes del Fascinosa. Éste honra al director italiano de cine Luchino Visconti, y el otro – Otto e Mezzo al gran Federico Fellini. Al Fascinosa se lo conoce como “la nave del cine”.

Volvimos a nuestra cabina, que ya había sido aseada y ordenada, y nos instalamos en nuestro balcón situado sobre la banda de estribor. El Plata había quedado atrás, junto con Montevideo y Punta del Este y ya estábamos navegando por las aguas muy azules y tranquilas del Atlántico. La fascinante vista del océano despertó nuestro costado filosófico y mientras mirábamos el agua y el horizonte sin una sola nube, pensábamos en lo afortunados que son la Argentina, Uruguay y Brasil que con su litoral asomado al Atlántico tienen sus puertas abiertas al mundo. Es algo así como tener en una ciudad un amplio departamento asomado a una de las principales avenidas en la mejor ubicación posible.

Al mismo tiempo, al ver la línea perfectamente recta del horizonte, no pudimos dejar de pensar en la visión de quien por primera vez se atrevió a postular que la Tierra es redonda. Pasamos un par de horas en nuestro balcón antes de dar una vuelta por el Fascinosa y grabarnos bien el trayecto que lleva desde nuestra cabina en “midship” -vocablo que se usa en inglés para designar el punto medio o parte central del casco- hasta el restaurante que nos habían asignado. Hicimos bien, porque el Chef Ejecutivo del FascinosaMarcello Deligio– es excelente, y no es cosa de perderse y llegar tarde para deleitarse con sus creaciones

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Fuentes: Guido Minerbi, Carmen Silveira, Martín Leonetti / Noticias de Cruceros
Itinerario “fascinante”: Buenos Aires – Río de Janeiro
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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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