Itinerario “fascinante”: Río – Salvador – Maceió

Segunda entrega del raíd sudamericano de Guido Minerbi y el Costa Fascinosa, pasando por Río de Janeiro, Salvador de Bahía y Maceió.

El Museo del Mañana, obra del genial arquitecto e ingeniero catalán Santiago Calatrava

El Museo del Mañana, obra del genial arquitecto e ingeniero catalán Santiago Calatrava

En navegación en el Costa Fascinosa. El miércoles 14 de marzo muy temprano a la mañana -otro madrugón, despertador mediante- asistimos al espectáculo sin par de ingresar a la majestuosa Bahía de Guanabara en una mañana de sol, sin bruma matinal ni una sola nube. El Corcovado con el Cristo, la Playa de Copacabana y todo eso coronado por el Pan de Azúcar y el cercano Morro da Urca fue la mejor recompensa para nuestro madrugón.

Las maniobras de amarre fueron rápidas y serían las 9:30 cuando -después de otro calórico desayuno- bajamos a tierra con nuestra tarjeta Costa, que es algo así como un salvoconducto para bajar y volver a subir al barco, abrir la puerta de la cabina y realizar los gastos que uno desee a bordo. En la misma figura también el “paquete” de bebidas que uno ha adquirido por lo cual se hace necesaria su presentación toda vez que se solicita un café, un refresco o un cóctel incluido en el paquete.

Siendo cruceristas bastante “veteranos” (las malas lenguas dicen que por edad y escasez de pelo, otros -más amables- que por la cantidad de cruceros en nuestro haber), habíamos agotado las opciones de excursiones en tierra carioca, por lo cual resolvimos ser “cuentapropistas”. Siguiendo las sabias recomendaciones de Costa, dejamos en la caja de seguridad de la cabina relojes, anillos, billeteras y otros elementos atractivos para los amigos de lo ajeno, y sólo llevamos bien ocultas la tarjeta Costa, una tarjeta de crédito y algo de cambio chico en reales que -dicho sea de paso- no se consiguen a bordo.

Resolvimos dejar también a buen recaudo las máquinas fotográficas y sólo llevamos nuestros celulares. En viajes anteriores, además de las excelentes excursiones que propone Costa, habíamos ido por nuestra cuenta a Copacabana e Ipanema. Habíamos estado en la histórica Confeitaría Colombo -algo así como el Tortoni de Rio- y habíamos visitado el Museu do Amanhã, monumental obra del arquitecto catalán Santiago Calatrava (el del Puente de la Mujer en Puerto Madero).

No queriendo alejarnos mucho del puerto, resolvimos quedarnos cerca de la Terminal Mauá y nos citamos con unos primos en el café de otro museo a pocos pasos de allí. El nombre del museo, dada su ubicación, puede resultar engañoso para el visitante. ¿Qué tiene que pensar uno si a escasas tres cuadras del mar, hay un museo llamado MAR? No hace falta mucho para convencerse de que se está por visitar un museo marítimo-naval o bien un moderno acuario. ¡Pero no! El acrónimo MAR es el nombre del que es, en realidad, un museo de arte: Museu de Arte do Rio.

El acceso es libre para periodistas brasileños, pero los periodistas argentinos (y todos los “seniors”) que hayan atravesado la barrera de los 60 tienen acceso libre también. Por lo tanto no sólo tuvimos un encuentro con los primos, sino que recorrimos las dos exposiciones actuales, una dedicada al arte de los aborígenes del Brasil y la otra -excelente- dedicada a presentar las tendencias de la fotografía brasileña moderna.

Pasamos muchas horas agradables y luego regresamos al Fascinosa a la hora del té, antes de la zarpada. A partir de allí el barco costearía el litoral brasileño y haría dos escalas más antes de emprender el cruce del océano en dirección a Santa Cruz de Tenerife, en las Canarias.

La primera sería en la capital del Estado de Bahia -Salvador- y la segunda en la capital del Estado de Alagoas, Maceió.

Salvador de Bahía, contrastes térmicos en una ciudad de contrastes. 

El mágico "Pelourinho", el barrio más tradicional de Salvador de Bahía

El mágico “Pelourinho”, el barrio más tradicional de Salvador de Bahía

En Salvador hicimos lo que siempre hacemos: bajamos del barco y caminamos hacia la congelada -y congelante- terminal de cruceros, para luego asarnos en el calor tórrido de la ciudad. Hubo que hacer una cola bastante larga en pleno sol (llevar gorrito o sombrero es muy necesario, máxime si uno cuenta con poco cabello…) para acceder al famoso Elevador Lacerda, que conecta la Salvador de Bahía que se extiende a nivel del mar con la parte alta conocida como el Pelourinho, verdadera joya de arquitectura colonial, vivos colores y espléndidas iglesias, un paraíso para el turista. Tras la visita, volvimos al Elevador, bajamos y pasamos un rato en el gran mercado de artesanías que se encuentra al pie del Pelourinho. De no haber sido por el gran calor, nos hubiéramos quedado hasta más entrada la tarde, pero preferimos volver a nuestra cabina y disfrutar del aire acondicionado.

La primer “Gala”

Entre la escala en Río y la última en territorio brasileño tuvimos la primera Cena de Gala prevista para nuestro crucero. En italiano se habla del “imbarazzo della scelta” (la complejidad de elegir), y éste fue el caso.

Cada “paso” del menú elaborado por el Chef Ejecutivo Deligio proponía graves disyuntivas. Por ejemplo entre los tres “antipasti” sugeridos, estuvimos en duda entre una “Torta de cangrejo con salsa de gambas” y una “Ensalada de mango con limón, cebolla, ají guindilla y menta” (ganó el cangrejo por varias pinzas…). 

Luego fue el turno de elegir un “primo”: nueva duda. ¿Sería mejor probar la “Crema de pollo con trufas negras” o sacrificarse con “Lasañas a la boloñesa”? (se impuso la crema con trufas…). Después de un “primo” en toda gala que se precie hay que escoger un “secondo”, y en este caso de las tres alternativas preseleccionamos dos, “Brochetas de gamba y sepia servida con puré de patatas y chips de manzana” y “Solomillo de ternera “Rossini” con caponata de verduras y patatas asadas” (ganaron las brochetas, porque pensamos que tras el cangrejo ceñirnos a los frutos de mar sería mejor… ¡y lo fue!). Después hicimos honor a una selección de quesos europeos y a una ensalada mixta con alcauciles y pimientos. El desafío final sería el postre: Profiteroles con frutos del bosque (bayas), Parfait de turrón, Mousse de chocolate con avellanas (sin azúcar añadido). La razón nos imponía el último por ser “Light” pero la gula pudo más y nos inclinamos por el “parfait, que los italianos definen “semifreddo”. Hubo un detalle que conmovió a todos nuestros compatriotas a bordo: no obstante la gran variedad de excelentes vinos peninsulares que jalonan la bodega del Fascinosa, el vino de esta primera cena de gala fue un vino argentino realmente notable: un Malbec 2017 Roble, de la Finca La Elegida.

Y esto nos lleva a otro tema destacable que habla del eficiente trabajo realizado por la gente de Costa Cruceros en Buenos Aires. En este crucero transatlántico, por lo que oímos, el grupo mayoritario lo constituyen los argentinos, que argentino más, argentino menos suman un contingente de más de 1.500 huéspedes, un centenar de españoles, unos 30 uruguayos y un par de parejas chilenas con lo cual los hispanohablantes abordo suman unas 1.700 personas. Les siguen muy de lejos unos 270 alemanes, 185 italianos, 178 brasileños y portugueses,180 franceses y un grupo heterogéneo constituido por otras nacionalidades. Por tanto, la elección de un Malbec argentino fue un fino detalle muy apreciado y festejado por la aplastante mayoría argentina.

Concierto en Maceió

Maceio

Una tranquila playa de aguas calmas en Maceió

La escala en Maceió fue breve pero la aprovechamos muy bien. Al bajar del barco fuimos recibidos por un excitante concierto de música brasileña, ejecutado por una muy afiatada banda militar. Los músicos pusieron una nota insólita al tocar vestidos con uniformes miméticos de fajina y deleitaron a quienes descendían de la nave con obras famosas como Orfeo Negro, la Garota de Ipanema y un amplio surtido de sambas muy del Carnaval.

Para ir del puerto a la playa más cercana a la ciudad hay un servicio de ómnibus totalmente gratuito, con un micro después de otro. Como ya conocíamos la ciudad, decidimos quedarnos en la playa de arena casi blanca, finísima, aguas de un tono verde esmeralda, toda bordeada de palmeras.

Nos acomodamos a la sombra, con una mesita y dos sillas que nos trajeron de uno de los varios puestitos que sirven dos bebidas: cerveza o agua de coco. Optamos por la segunda, que nos fue traída en sendos gigantescos cocos “decapitados” de un machetazo. Obviamente, ya sea la cerveza o los cocos, vienen “estúpidamente gelados” como suelen decir los locales.

El precio nos pareció sumamente accesible: 3 reales (o sea un dólar) por coco, con el uso de la mesa y las sillas incluido. Volvimos al barco al atardecer para que el micro de regreso no estuviera demasiado concurrido. Pero la verdad es que no nos hubiéramos querido ir de esta última escala en tierras americanas

Tres bramidos de la sirena del Fascinosa marcaron la partida de Maceió.

Los dos remolcadores que lo apartaron del muelle respondieron con las suyas, de sonido agudo y chillón. Se acercó la lancha del práctico (pilot) y en el momento en que éste la abordó, nuevamente sonó tres veces la majestuosa sirena de la nave que puso proa hacia mar abierto.

Esa noche tuvimos que adelantar los relojes de una hora y en dos días estaríamos cruzando el Ecuador. Pasaríamos del verano austral al invierno boreal pero sería por un par de días solamente. En el hemisferio norte está por comenzar la primavera…

Para más datos acerca de los itinerarios de Costa Cruceros por Río, Salvador, Maceió y el resto del mundo, consulte a su agente de viajes o visite http://www.costacruceros.com

Fuentes: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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