De América a Europa, un cruce emblemático

Continúa el viaje del equipo de Noticias de Cruceros a bordo del Costa Fascinosa, ya cruzando el Atlántico en busca del “Viejo Continente”, Europa.

El Costa Fascinosa en Santa Cruz de Tenerife rumbo a Europa

El Costa Fascinosa en Santa Cruz de Tenerife

En navegación en el Costa Fascinosa (rumbo a Europa). Muchos bisabuelos o abuelos que se sumaron al desarrollo y crecimiento de la Argentina, Brasil y Uruguay cruzaron el gran charco en sentido inverso. Debe ser por eso que cada vez que uno deja atrás las costas de América del Sur siente algo así como si estuviera cumpliendo con la misión de recordar y honrar a sus ancestros que efectuaron el cruce en momentos muy diferentes, en barcos mucho más pequeños y primitivos, y con toda la trepidación de quien va hacia lo desconocido, en busca de trabajo, de una patria adoptiva y, en suma, de un futuro.

En eso pensábamos cuando el Costa Fascinosa zarpó de Maceió – en el Estado brasileño de Alagoas – al anochecer de un día muy caluroso.

El autor de “Moby Dick”, una de las novelas “marinas” más recordadas de la literatura, Herman Melville, escribió que “en el momento de su primer viaje como pasajeros, ustedes han experimentado un tal escalofrío místico no bien les dijeron que la nave y ustedes mismos ya no podían ser vistos desde tierra firme…”

En nuestro caso no sufrimos un escalofrío místico, pero no pudimos dejar de pensar de estar emprendiendo un viaje muy significativo. De Buenos Aires a Maceió habíamos recorrido unas 2.125 millas náuticas y de allí a la primera escala europea en Santa Cruz de Tenerife, navegaríamos 2.591 millas más, todas ellas rodeados de agua, agua y más agua. En la noche oscura, el Océano se abría ante la proa.

Al llegar a Savona, habríamos recorrido un total de 6.464 millas náuticas, equivalentes a unos 12.000 Km.

Las escalas en Rio de Janeiro, Salvador y Maceió habían sido más que atractivas, pero también lo era la idea de emprender el gran cruce y de pasar poco menos que una semana en estrecho contacto con el mar y con nosotros mismos.

Si bien los folletos de las agencias de viajes no parecen mencionarlo como uno de los aspectos más memorables de un crucero, eso de acostarse a la noche viendo sólo agua, ver salidas o puestas de sol sobre el océano, despertarse viendo siempre el mar y pasar el día entero viendo su inmensidad, son una experiencia que no se puede describir sin haberla vivido en primera persona.

El mar resume la dimensión de la naturaleza y nos hacer caer en la cuenta de nuestra propia medida en el contexto del mundo y del universo. Quizá sea por eso que pasamos horas y horas contemplando un mar tranquilo de cambiantes azules desde la tranquilidad de nuestro balcón en la cubierta 7 -Zivago- del Costa Fascinosa.

Fue un baño de introspección, en el que formulamos una serie de propósitos a cumplir una vez que tocáramos tierra y regresáramos a casa. Comparados con los propósitos que formulamos cada 31 de diciembre, cuando se toman ante el mar asumen el valor de compromisos mucho más sólidos y concretos.

El “cruce” nos va cambiando día tras día y -al bajar por la escalerilla- no seremos nunca más los que hemos sido.

Todo esto parece ser muy filosófico y tal vez lo sea: el mar despierta sensibilidades ocultas, las hace salir a flote y nos cambia para siempre. El mar visto desde la arena de una playa es una cosa. El océano es incomparable y el Fascinosa nos hizo penetrar, milla náutica tras milla náutica, en un mundo nuevo, absorbente y… ¡mágico!

En el cruce van ocurriendo cosas que -sumadas- marcan el progreso del viaje y de nuestras vivencias. Ya en el primer día del cruce tenemos que adelantar los relojes de una hora: en Argentina, Brasil y Uruguay es una hora más temprano que a bordo. Y así seguirá ocurriendo conforme el barco avance hacia el Noreste.

En un par de días habrá un nuevo hito: justo al mediodía aparecerá Neptuno con su tridente y todos sus acólitos para franquearnos el paso por el Ecuador y “bautizar” a los primerizos.

Nunca faltan, según nos cuentan los oficiales e integrantes de la tripulación, huéspedes que se frustran por no haber “visto” la línea del Ecuador, que para ellos es una realidad tangible y no una convención geo-astronómica… Claro que esto es más comprensible que el comentario de una crucerista, a quien oímos quejarse airadamente con sus compañeros de mesa que “este año no se contrató a los delfines, porque hasta ahora no pude ver ninguno…”   Anécdotas como éstas abundan…

El extraordinario camarero indio de Goa -Arunkumar Janakiraman- quien nos atendió en el restaurante Otto e Mezzo durante la travesía, nos mencionó que en un crucero anterior un huésped le preguntó si después de servir la cena él y los demás camareros se iban a dormir a su casa para regresar a la hora del desayuno…

Se podría ser criticones, y afirmar que todas estas preguntas se deben a que quien las formula está levemente desubicado en el tiempo y en el espacio. O bien se puede pensar, más generosamente, que la vista constante y necesaria del mar libera la mente y la hace flotar sin ataduras en total libertad. De hecho, algo así nos pasó a nosotros, que pensamos que era domingo cuando en realidad era miércoles o que -a fuerza de ir corriendo las agujas del reloj- terminamos no sabiendo más qué hora era en Buenos Aires…

América quedó atrás y ya vislumbramos África y Europa

Si hubiéramos tenido un vigía como en las carabelas de antaño, a la mañana del sexto día de haber zarpado de Maceió -bien de madrugada- empezamos a divisar tierra en la lejanía y en la bruma empezó a dibujarse la silueta de dos de las islas Canarias. Un par de horas más tarde estábamos entrando al puerto de Santa Cruz de Tenerife, enmarcado por una cadena de montañas de perfil muy atormentado, coronadas por la majestuosa silueta del volcán Teide, el pico más alto de toda España.

Tenerife es una escala que para los argentinos, no obstante la penalización que supone el cambio con el Euro, podría definirse como el reino del “déme dos”, porque Santa Cruz es un puerto libre (de impuestos) que permite hacer excelentes compras de toda suerte de artículos de las mejores marcas a precios muy atractivos. En nuestro caso, preferimos comprar sólo unas aspirinas en la farmacia y una cajita de curitas para disfrutar la escala visitando el área de Laguna, el barrio alto de Santa Cruz que fuera el asentamiento inicial de los españoles cuando se instalaron en las islas.

Lo hicimos en forma autónoma, tomando un moderno tranvía de varios vagones articulados que trepa por una notable subida hasta llegar a la cabecera de Trinidad en una media hora de recorrido panorámico. A Laguna llegamos cerca de la hora del almuerzo. De una visita anterior recordábamos haber disfrutado de unos sándwiches exquisitos en un bar frente a la catedral consagrada a la Virgen de los Remedios.

Llegamos así al Café “El Ateneo” donde comimos dos excelentes “pulguitas” (tal el nombre de los pancitos) con jamón serrano, queso manchego y unas gotas de aceite de oliva sabiamente saborizado con orégano fresco, pimienta y un dejo de ajo.

El resto del tiempo a nuestra disposición lo pasamos recorriendo las típicas callecitas de Laguna, con sus antiguas y agraciadas casitas de apenas uno o dos pisos. Lamentablemente, cuando llegamos al mercado, éste acababa de cerrar y nos quedamos por segunda vez sin la oportunidad de visitarlo…

Volvimos al Fascinosa donde -después de darnos una reparadora ducha- descubrimos que en el Grand Bar Topkapi (y en varios otros) se preparan unos excelentes tragos para quienes no disfrutan el alcohol y tratan de limitar el azúcar. El que más nos gustó es el “Mojito Cero”, preparado hábilmente por uno de los “baristi” con una abundante cantidad de hojitas de menta fresca… Mientras lo disfrutábamos, el barista nos comentó que el 5 de abril del año pasado un magnate, dueño de una importante empresa de materiales de construcción de la India, había charteado todo el Fascinosa por cinco días para el casamiento de una se sus hijas. En total, había invitado a mil personas y traído de la India a decenas y decenas de chefs para encargarse del banquete nupcial a base de platos típicos… Aparentemente, su yate privado no tenía la capacidad suficiente para una comitiva así…

Para más datos acerca de los itinerarios de Costa Cruceros en Europa, consulte a su agente de viajes o visite http://www.costacruceros.com

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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