Drama en las Bermudas

El periodista Nino Ramella está navegando en un crucero de Princess, rumbo al Viejo Continente. En medio de este viaje, sucedió algo poco común y con su habitual pluma quiso contarlo.

La pequeña lancha en que desembarcaron a los pasajeros del Crown Princess en las Bermudas.

La pequeña lancha en que desembarcaron a los pasajeros del Crown Princess en las Bermudas.

En navegación en el Crown Princess (rumbo a Europa). Es raro que en un crucero llamen a un pasajero por altavoces. Es difícil encontrar a alguien en estas ciudades flotantes, pero ubicarlo usando ese método no está permitido. Algo serio debe haber pasado para que llamen a esa mujer.

Algunas horas después el capitán nos anuncia que el barco desviará su rumbo. Se acercará a Bermudas para dejar a una persona que requiere urgente atención médica. La mayoría de los pasajeros son personas de edad.

No sé nada, pero armo la película en mi cabeza. El enfermo ha de ser el marido de esa mujer a la que llamaban. Un ataque. Acaso una caída. No lo sé… extrañamente a lo que hago siempre esta vez no indago.

Imagino que subieron al barco en Fort Lauderdale pensando en hacer un crucero que los lleve a Europa y disfrutar de un viaje que posiblemente planificaron con mucho tiempo. Los barcos son especiales para personas mayores. No hay que trasladarse con valijas, ni hacer el check in en los hoteles.

En lugar de eso emprendieron un calvario apenas iniciado el viaje. En medio del océano ocurre algo tan grave que el médico de a bordo no lo puede resolver. Bermudas es una isla pequeña en medio del Atlántico. Ahí los bajarán. En un lugar desconocido quedará una pobre mujer anciana con su marido moribundo.

Nos acercamos a Bermudas ya de noche. La noche de vestimenta formal. La noche en que los gringos se visten como sólo los americanos de gala pueden vestirse. Más allá de todo límite al buen gusto. La pirámide de copas sirven al remanido rito de la catarata de champagne.

A un costado de uno de los sitios más ruidosos, con músicos en vivo y la estridencia propia de un volumen que pretende imponer clima de fiesta, me siento a escribir. Llegan dos tripulantes con tres valijas acompañando a una señora y un hombre relativamente joven. Se sientan en unos sillones justo frente a mí. La mujer no podía contener el llanto. El hombre sólo atinaba a consolarla poniéndole la mano en el hombro.

La miré tratando de transmitirle mi pesar. No me animé a hablarle. El ruido del ambiente hubiera sido perturbador para lo que hubiera querido decirle. Dar con la palabra exacta en otro idioma también me acobardó.

Su tristeza se hacía patética en ese clima de fiesta irritante que rodeaba la escena, con protagonistas que frente al drama del que yo era testigo se volvían grotescos enfundados con sus vestidos llamativos y las copas en las manos. La chica frente al micrófono gritaba más que cantar.

Del quinto piso bajaron a ambos al cuarto. Con el barco en movimiento, de noche, con oleaje y una fina llovizna debían abordar una pequeña lancha que venía a buscarlos. Vi la maniobra desde mi camarote. La acompañé con mi pensamiento, con mi pena. Ella no lo sabrá y tampoco la hubiera aliviado saberlo.

No sé si era su marido. No sé si ya murió. No tengo idea de nada. Sólo sé que un drama en medio de una fiesta es una mueca siniestra que carece de toda humanidad.

Hasta aquí lo escrito sin saber muchos detalles. Por deformación profesional suelo indagar el origen y circunstancias de los hechos pero en este caso no me parecieron relevantes. Lo importante era pintar el efecto magnificador de un drama que produce un clima de joda. Encima de una joda algo artificiosa.

Pero es inútil luchar contra nuestra naturaleza. Entonces le saqué el tema al director de entretenimientos del Crown Princess, el argentino Matías Chimicz.

El drama adquirió otros ribetes, todavía más trágicos, y por eso se los comento.

La señora cuya cara se estremecía cada treinta segundos doblegada por el llanto no tenía a su marido enfermo o muerto. Estando embarcada recibió al día siguiente de zarpar la noticia de la muerte de su hijo. Tenía cuarenta años y vivía en Estados Unidos.

El próximo puerto era Madeira, ya en Europa, pero faltaban siete días para llegar. No está dentro del protocolo de estos barcos producir cambio de ruta alguno o procurar un desembarco de emergencia por un caso como este.

El hecho de tener que desviarse hacia Bermudas para bajar a dos pasajeros que requerían atención médica urgente fue aprovechado para desembarcar también a la devastada mujer.

Hubiera sido una mueca macabra del destino condenar a esa madre a permanecer una semana padeciendo el peor momento de su existencia rodeada de personas gozando de la vida ignorantes de su tragedia.

Para más info sobre cruceros de Princess en Europa consulte con su agente de viajes o llame a: Discover the World Marketing, tel. + 54 (11) 5274-1600. 

Fuente: Gentileza de Nino Ramella para Noticias de Cruceros

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Nino Ramella

Periodista marplatense. Viajero y pasajero frecuente en muchas navieras tales como Princess, Cunard y Holland America, entre otras. Activo defensor del patrimonio cultural argentino, promoviendo y organizando numerosas actividades en favor de la difusión del pensamiento de importantes referentes de la cultura, tales como como Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges. Es asiduo disertante en temas relacionados con los medios de comunicación y el patrimonio cultural a nivel nacional e internacional. 

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