Marsella, Savona y la despedida del “Costa Fascinosa”

Finalmente el viaje transatlántico va llegando a su fin y nuestro equipo deberá (a regañadientes) dejar la nave en Savona. El Costa Fascinosa finaliza así su temporada sudamericana.

Savona al amanecer. El puerto final del viaje transatlántico en el Costa Fascinosa

Casi como un cuadro impresionista, vemos a Savona al amanecer.

En navegación en el Costa Fascinosa. Más de un día entero de navegación fue necesario para cubrir las 653 millas náuticas que separan Málaga del puerto de Marsella, uno de los más importantes del Mediterráneo y de Europa.

En esta oportunidad, contrariamente a nuestro hábito de cortarnos solos y no hacer tours organizados, resolvimos contratar uno de los múltiples itinerarios ofrecidos por los especialistas de Costa.

La excursión nos cautivó de entrada porque implicaba dejar atrás Marsella -que ya conocíamos- y dirigirnos a una pequeña ciudad del interior de la región de Provenza, Aix-en-Provence. Allí nos dejarían vagar por sus callecitas a nuestro ritmo y antojo por unas tres horas y gozar del estilo de vida del apacible interior de Francia.

Lo disfrutamos muchísimo y repartimos nuestro tiempo entre visitar una serie de tiendas y boutiques llenas de ropa de excelente calidad y con importantes descuentos por fin de la temporada. Lo cual nos hizo recordar que el cruce del Ecuador no había sido sólo algo simbólico sino muy significativo. Antes de cruzarlo, estábamos aún en el verano austral, mientras que un segundo después de hacerlo habíamos pasado a los últimos días del invierno boreal.

Es decir que, contraviniendo toda costumbre y lógica, pasamos del verano a la primavera… Pero regresemos a Aix-en-Provence.

Después de caminar sin parar por dos horas y media empezamos a desandar lo andado sintiendo ya algo de cansancio y mucho de hambre. En nuestro camino encontramos una cantidad de bistrots, restoranes y bares, pero no paramos porque teníamos el firme propósito de comer un típico sándwich francés: el croque monsieur, un sándwich delicioso que, entre muchas otras cosas, no sólo es un sándwich caliente, sino que encima del pan que hace de tapa hay una sabrosa capa de queso gratinado.

El famoso croque monsieur

El famoso croque monsieur

Finalmente dimos con una confitería histórica muy cercana a una rotonda dedicada a Napoleón con una hermosa fuente en el centro.

El local, que cuando llegamos estaba prácticamente vacío en su interior estaba por el contrario muy concurrido en las mesas ordenadamente dispuestas en la vereda. El nombre “Le Deux Garçons” (Los dos Mozos) figuraba en los toldos verdes y en el frente del edificio junto a la fecha de su fundación – ni más ni menos que 1792.

Según nos enteramos después, el nombre es más reciente y se remonta a 1840 cuando el establecimiento original fue adquirido por dos mozos que lo decoraron como luce hoy en el estilo de la época “consular” con grandes espejos, y molduras decoradas con relieves revestidos en oro a la hoja sobre un fondo verde claro.

Nos sentamos muy respetuosamente en una de las mesas, ya que en el menú que nos acercaron figuraban los nombres de algunos personajes históricos y famosos que solían recalar allí: Edith Piaf, la cantante y actriz Mistinguett, André Maurois, Sir Winston Churchill, Pablo Picasso, Jean-Paul Sartre, el recordado cantante Charles Trenet, Alain Delon, Jean-Paul Belmondo y Jean Cocteau… Como si esto fuera poco, dos amigos de infancia pasaban allí tres horas cada tarde: ¡Emile Zola y Paul Cézanne!

El sentirnos honrados por sumarnos a tan ilustres parroquianos no impidió que disfrutáramos enormemente de nuestros dos gigantescos croque monsieurs. Se hizo demasiado pronto la hora de regresar al barco, que partiría a la tardecita: el ómnibus ya estaba esperándonos. Volvimos muy satisfechos al Fascinosa y pensamos que Costa había acertado en ofrecer este tipo de tour que combina la parte organizada (el transfer del barco al destino elegido y viceversa) con la parte autónoma (el paseo independiente en la localidad a visitar).

Regresamos al Fascinosa aproximadamente una hora antes de zarpar hacia el destino final de nuestro crucero, el puerto de Savona. Decidimos complementar nuestro almuerzo en la Chocolatería de a bordo, donde saboreamos un cappuccino y un chocolate muy espeso y caliente con dos porciones de la más exquisita torta de avellanas (torta di nocciole) que se pueda imaginar. Con eso llegaríamos a la cena sin desfallecer…

Los 18 días de viaje se nos habían hecho increíblemente cortos y parecía mentira que faltara sólo una noche antes de desembarcar en Italia. Nos despedimos de Catalina y Víctor, nuestros compañeros de mesa ya convertidos en queridos amigos, ella argentina (cordobesa) y él catalán.

También nos pesó mucho despedirnos de Arunkumar, quien había hecho que nuestras cenas fueran una experiencia inolvidable con su excelente disposición y profesionalismo.

En un crucero uno conoce a mucha gente con la cual se establecen sólidos vínculos que perduran después de la terminación del viaje. Es por eso que la última noche es una noche de despedidas emotivas…y de hacer valijas. Éstas tienen que estar hechas, cerradas y colocadas en la puerta de las cabinas antes de la una de la madrugada, ya que en ese momento los tripulantes empezarán a concentrarlas en una de las cubiertas bajas para luego ordenarlas en la terminal de cruceros de acuerdo con el color y letra de los marbetes distribuidos ese mismo día.

No parecería posible, pero así como alguien puede frustrarse por no haber visto la línea del Ecuador o pensar que a la noche los camareros se van a dormir a su casa, nunca falta alguien que tiene un olvido que puede traerle dificultades imprevistas. Se comenta que algunos pasajeros han tenido que desembarcar en piyama porque no pensaron en el día siguiente al empacar, colocando toda la ropa en la valija quedándose en la cabina sin ropa de calle para ponerse…

El barco llegó a Savona muy temprano a la mañana y las cabinas debieron quedar libres a las 8:00 porque a la tarde ya saldría hacia Barcelona con una nueva dotación de impacientes cruceristas.

Disfrutamos de un último, generoso desayuno y luego, de acuerdo con el color de los marbetes de nuestras valijas, concurrimos a los puntos de reunión designados. En nuestro caso, se trató del Grand Bar Topkapi, donde nos instalamos para jugar a las cartas y disfrutar de un último “cappuccino”, con cacao espolvoreado encima.

Milano Centrale

La estación Milano Centrale

A la una menos cuarto fue nuestro turno para desembarcar y subirnos al ómnibus que, en un par de horas, nos depositó frente a Milano Centrale, la imponente terminal de trenes situada en pleno centro de Milán.

El Fascinosa había quedado atrás (en Savona), pero no así el recuerdo de un gran crucero que guardaríamos por años. Ahora se abría ante nosotros el desafío de aprovechar de las bellezas de Italia y de Europa. Luego, 14 horas de vuelo nos harían desandar lo que habíamos recorrido en 18 maravillosos días… ¡y estaríamos de vuelta en la Reina del Plata!

Para más datos acerca de los itinerarios de Costa Cruceros desde y hacia Savona, consulte a su agente de viajes o visite http://www.costacruceros.com

Fuente: Noticias de Cruceros

Deja tu opinión

comentarios

Powered by Facebook Comments

Noticias de Cruceros viaja con BUQUEBUS Quiena - Invierta en las compañías de cruceros

Carnival Cruise Line

Alamo Rent a Car

Daily_Travelling_News Minerbi & Silveira Comunicación Corporativa Seguinos en Facebook Cruise Crew Only - Solo para tripulantes de Cruceros Artefisico

Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

Tags: