Silencio del fin del mundo (última parte)

Lo que fue un “Reportero por 1 día, se ha convertido en dos entregas, ya que la apasionante aventura vivida por Jaime García Thienel a bordo del Ventus Australis así lo demandó. Acomódese y póngase el traje de agua que continúa el relato acerca del Silencio del fin del mundo.

Cordillera de Darwin. Excursión Glaciar Águila, del crucero Silencio del fin del mundo.

Cordillera de Darwin. Excursión Glaciar Águila, del crucero Silencio del fin del mundo.

En la tarde de la cuarta jornada nos espera en la isla Navarino la histórica Bahía Wulaia, el mayor sitio de asentamiento de los aborígenes yaganes, visitado por Charles Darwin en su viaje que duró tres años. Australis ha refaccionado acá una antigua estación de radio abandonada donde administra un pequeño Centro de Información.

Como en otras bajadas a tierra, también la naviera ha habilitado senderos con buenas medidas de seguridad y que apuntan a la preservación de los ecosistemas visitados. Para el frío que siempre nos acompaña, una taza de chocolate caliente con un toque de whisky nos reconforta en la playa de cada desembarque antes de subir al zodiac para el retorno a bordo.

Y al atardecer, como cada día, hay charlas y documentales de éste, el “Silencio del fin del mundo”, con bar abierto y otras actividades entretenidas.

El quinto día nos sorprende navegando por el extremo suroccidental de Tierra del Fuego ya llegando al Océano Pacífico, en territorios aún inexplorados. Para suerte de muchos, la advertencia de que la nave podría verse afectada por fuertes olas y los vientos del área, no se cumple.

Después del almuerzo, surcamos ya en viaje de regreso, el Seno de Agostini con un sol radiante en un despejado cielo azul, como han sido muchos de los días de esta travesía, sabiendo que en estas latitudes el estado del tiempo puede cambiar varias veces a lo largo de cada jornada. Nuestro desembarco será esta vez frente al glaciar Águila y caminaremos por la playa hasta muy cerca para apreciar toda su majestuosidad, así como las montañas nevadas de la Cordillera Darwin.

En el siguiente amanecer la recalada es en el glaciar Brookes  uno de los más activos, con varios desprendimientos durante nuestra excursión que provocan grandes estruendos en medio del silencio. Es la ocasión propicia para una foto colectiva de todos los huéspedes y nuestros esforzados guías.

Durante la tarde, la nave ancla en la Bahía Ainsworth, un sitio distinto, donde la guía nos muestra el nacimiento de la flora a través de los milenios, empezando en la playa por los líquenes de las rocas, después  los musgos y poco a poco la aparición de pequeñas plantas, arbustos y finalmente los bosques australes, largo ciclo que es fácil de observar en nuestro recorrido.

Bar del Salón Darwin del Ventus Australis recorriendo el crucero Silencio del fin del mundo

Bar del Salón Darwin del Ventus Australis recorriendo el crucero Silencio del fin del mundo

La paradoja es que la sobrepoblación de castores y visones introducidos en la Patagonia en el siglo pasado -por una industria peletera fallida- amenaza hoy a éste, uno de los lugares más prístinos del planeta. Estos roedores al no tener depredadores en este hemisferio, están amenazando la biodiversidad.

Siendo estos animales de agua dulce, ya hay reporte de que han cruzado las saladas aguas del Estrecho de Magallanes en su desplazamiento hacia la ribera norte. Todos los métodos para el control de esta plaga han sido por ahora infructuosos, pero se siguen explorando soluciones.

Cabe destacar que en estos territorios se ha creado hace cinco años una inédita alianza del turismo con la ciencia, a través  de la Fundación CEQUA de Magallanes con la naviera Australis,  cuyos barcos (el Stella y el Ventus) se convierten en la temporada septiembre-abril en verdaderos laboratorios móviles que permiten a los científicos una serie de mediciones ambientales que de otra manera sería imposible de implementar por la rigurosidad del clima y su enorme extensión absolutamente deshabitada.

La fundación capacita a los guías en la información que entregan a los cruceristas, por un lado y por otro, los prepara para la recolección de datos en terreno de acuerdo con  los protocolos de monitoreo.

Se llevan a cabo prospección oceanográfica de las aguas, seguimiento de las aves,  alteraciones de la flora y fauna, estudio de los glaciares y otros. Los barcos de Australis son los primeros con sensores de medición continua y prospección con cámaras submarinas.

Hay un gran esfuerzo por entender y proteger este patrimonio natural en un área en que las investigaciones no son sólo difíciles sino muy costosas.

Finalmente hemos llegado a la última noche de nuestra expedición, con una cena de despedida y las palabras del capitán.

La navegación nocturna nos ha llevado de regreso al Estrecho de Magallanes.

Cuando amanece, hacemos el último desembarco en zodiacs en la Isla Magdalena, coronada por un faro desde 1902 y hábitat de una inmensa colonia de pingüinos magallánicos -que migraron a aguas más cálidas al final de verano anterior- y que ya terminado el invierno, recibe de regreso primero al macho que está encargado de reparar y preparar su mismo nido del año pasado para la hembra que volverá un mes después.

Ya es cerca de mediodía y nuestra aventura llega a su fin después de haber recorrido las maravillas que esconde el extremo austral del continente: por los ventanales vemos acercarse a la lancha que trae al ‘práctico’ que nos atracará de manera segura de vuelta en el muelle de Punta Arenas.

Visitamos recónditos lugares que fueron el asentamiento por aproximadamente 10.000 años de seis etnias originarias, algunas nómadas y terrestres que se vestían con pieles de guanaco y otras, canoeras que hacían su vida en las aguas de los canales totalmente desnudos. Sobrevivieron  en un medio natural extremadamente adverso, pero no resistieron la llegada del hombre blanco.

Su extinción nos hace enmudecer hoy, honrar su memoria y solidarizar con ese silencio que dejaron en el fin del mundo.

Hemos navegado por una semana en las soledades de este mundo excepcional en medio de témpanos, luvias, nevadas, viento y frío por fiordos y canales, a los que los grandes barcos no pueden acceder, acompañados también por un sol radiante en un cielo azul.

Como recién termina el invierno, muy pronto habrá menos nieve, la flora renacerá y regresarán los pájaros desde otras latitudes lejanas.

Para más información acerca del crucero Silencio del fin del mundo y el resto de los cruceros de Australis, consulte con su agente de viajes o visite www.australis.com

Texto y Fotos: Gentileza Jaime García Thienel
Silencio del fin del mundo (última parte)
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Ricardo Marengo

Periodista turístico argentino. Trabajó en las revistas: Weekend, Lugares y Buenos Aires Herald Travel Magazine. También en el suplemento Leisure & Travel del diario Buenos Aires Herald. Como representante de Seatrade Group llevó a cabo la Seatrade South America 2012. Es conductor radial y referente del mundo de los cruceros en su país. Anualmente realiza 4 cruceros o más, desde hace una década, donde no solo realiza notas a bordo, sino que también elabora (a pedido) un informe de estado y servicio para la naviera. En la actualidad está conduciendo micros televisivos ( sobre cruceros ) para la televisión argentina. Es patrón de yate vela/motor e instructor de yachting para niños. Es voluntario de la Fundación Goleta Escuela Santa María de los Buenos Ayres. Fundador de Cruises News Argentina y Noticias de Cruceros. 

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