Curaçao: Una parte de Holanda en el Caribe

La isla autónoma que, sin embargo, sigue formando parte de la corona que ostentan Máxima y Guillermo, ofrece deliciosas curiosidades, y no es la menor que su capital se parezca tanto a Ámsterdam.

Curaçao 2

“En algunas zonas de Willemstad se han construido casas altas y angostas como las que abundan en Ámsterdam y que, por momentos –salvo el calor tropical– hacen pensar que uno se encuentra en los Países Bajos.”

Aunque ambas son islas bañadas por el Caribe y por más que cuenten con un collar de bellísimas playas, Curaçao y Grand Cayman no son fáciles de comparar, por tener cada una personalidad tan marcada y aspectos muy divergentes. Por empezar, el idioma.

Nuestro crucero en el Crystal Symphony había comenzado en New Orleans, la ciudad estadounidense donde reina el mejor jazz dixieland. No todos lo recuerdan, pero Louisiana estuvo bajo la dominación de dos tronos europeos: el español y el francés.

Si bien el idioma oficial allí es actualmente el Inglés, se conservan ecos sea españoles o franceses en los nombres de calles, barrios y ciudades. La emblemática Bourbon Street fue en origen la Calle de Borbón, todo el barrio francés es el vieux carré y la misma capital misma del Estado de Louisiana es Baton Rouge, que no suena muy ‘anglo’ que digamos…

En las islas que visitamos ocurre algo semejante. En Grand Cayman, a la que muchos identifican por ser puerto libre y paraíso fiscal más que por sus paradisíacas playas, se habla Inglés porque es un territorio de ultramar del Reino Unido.

Y Curaçao, acaso, merecería el apodo de Babel Caribeña, ya que allí, a falta de uno, conviven cuatro idiomas: el Holandés, el Inglés, el Español y el idioma criollo conocido como Papiamento. Por suerte, casi todos hablan y entienden los cuatro, porque de ser monolingües en Holandés o Papiamento, los pobres cruceristas se las verían negras.

La Pequeña Ámsterdam

Afortunadamente, en las islas se acepta el dólar estadounidense a la par de la divisa local. Si no, el turista o crucerista tendría un dolor de cabeza adicional y lidiaría con florines, euros o aun libras.

Curaçao es hoy un país autónomo, por más que continúe formando parte del Reino de Holanda.

Como es nuestra costumbre, y por manejar dos de los cuatro idiomas, decidimos explorar la capital de la isla, Willemstad, por nuestra cuenta y no participar en ninguna de las excursiones a las playas. Eso de ir a una playa, pasar allí un breve rato y seguir viaje húmedos y enarenados no es precisamente nuestra idea de gozar de la misma.

Ésa fue también la razón por la cual paseamos a nuestro ritmo por la muy atractiva ciudad en la que se disfruta de un ambiente apacible y sin prisa.

Curaçao - Guido Minerbi

Guido Minerbi

La que se apoda Pequeña Ámsterdam recuerda muchísimo a la mayor ciudad de Holanda. Como aquélla, tiene canales y puentes, peatonales o no, todos levadizos o giratorios, para permitir el paso de las embarcaciones.

El primero que se encuentra llegando desde el puerto es un puente flotante insólito y muy largo, montado sobre grandes botes o pontones que lo mantienen firmemente a flote. Luego uno se encuentra con numerosos puentes de menor tamaño, que podrían haber salido de un cuadro de van Gogh.

Pero las sorpresas no terminan ahí, si de puentes de trata. Curaçao ostenta un liderazgo absoluto con el puente vial y fijo más alto del Caribe y, casi seguramente, también de buena parte de las Américas. Es el puente Reina Wilhelmina (Guillermina), mientras que el puente flotante recuerda a la Reina Emma.

El Waaigat y Sus Mercados

Curaçao no sólo cuenta con un puente flotante: tiene también un mercado flotante que, por tipicidad y colorido, hace la felicidad de quien se pasea cámara al hombro.

Se extiende a lo largo de uno de los principales cursos de agua de la ciudad, el Waaigat.

Sobre una vereda de varios centenares de metros de extensión se levanta una hilera ordenada de puestos en los que se vende gran variedad de pescado fresco, verduras y frutas de todo tipo, tamaño y color.

Esa parte del mercado no es flotante: lo que flota son las decenas de embarcaciones en las que los productores acercan sus productos y mercancías.

Es un paseo imperdible, que culmina en otro mercado circular donde, en lugar de frutas, se consigue ropa, artesanía y gran variedad de productos de cuidado personal como cremas, champús y cosméticos en admirable cantidad.

También hay puestos de dulces típicos, licores y chocolates. Y como es de esperar, el ron abunda, pero la delantera le corresponde al renombrado licor local que se llama como la isla misma: Curaçao.

Punda & Otrobanda

Ninguna guía turística lo diría, pero existe un detalle que se repite en latitudes tan distantes como la de Curaçao y la de Hungría. En ésta, el Danubio corta Budapest, la capital del país, por la mitad. En realidad, la ciudad se compone de dos partes: Buda y Pest

(Dicho sea de paso, Crystal Cruises recientemente ha incursionado en el mercado de los cruceros fluviales en Europa, y uno de ellos incluye a Budapest en sus itinerarios.)

En Curaçao ocurre lo mismo: un canal separa la dos partes de la ciudad, a las que conecta el puente flotante. Una se llama Punda, y es allí que se encuentran los mercados que comentamos párrafos arriba. La otra tiene un nombre casi español: Otrobanda.

En Punda se encuentran los comercios más refinados, que proponen a los visitantes las marcas más conocidas y en su mayoría libres de impuestos, pero sin llegar a ser del todo duty free, como ocurre en Grand Cayman.

Se alternan tiendas lujosas con simpáticos bares de mesas y sombrillas al aire libre y refinados restaurantes. Pero lo que más atrae al visitante, y justifica a pleno aquello de Pequeña Ámsterdam, es la edificación que embellece parte de la pequeña ciudad.

Las Jaquecas del Alcalde de Curaçao

En algunas zonas de Willemstad se han construido casas altas y angostas como las que abundan en Ámsterdam y que, por momentos –salvo el calor tropical– hacen pensar que uno se encuentra en los Países Bajos.

Pero hay una notable diferencia: en lugar de ser blancos, como los holandeses, estos edificios que van de los colores apastelados a los vivos.

Esta policromía, se dice, fue consecuencia de las jaquecas que muchísimos años atrás padecía un alcalde, y que se agravaban por el sol caribeño que rebotaba las blancas fachadas de las casas.

Así que, para aliviar en parte su malestar y fotofobia, el buen hombre decretó que las casas debían repintarse con colores más descansados para la vista

Si bien, por suerte, nosotros no padecemos de jaqueca, llegó el momento en que, muy cansados por horas de marcha bajo un sol muy tropical resolvimos regresar al Mega Pier (mega muelle) en el que amarraba el Crystal Symphony.

Fue pasar el control de seguridad y sumergirnos en el delicioso aire acondicionado de la nave para sentirnos renovados y listos para un tardío y siempre generoso almuerzo.

Y mientras almorzábamos nos preguntamos si, de pronto, no hubiera sido mejor irnos a la playa junto con otros compañeros de viaje…

Para más información sobre los cruceros de Crystal Cruises, consulte  a su agente de viajes , o a Reise Destination llamando al +54(11) 5254-9097.

Fuentes: Noticias de Cruceros

 

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