Grenada, Aromática y Frondosa

Anteúltima escala insular, el perfil montañoso, el verdor y las antiguas construcciones de la pequeña isla del Caribe sudoriental fascina a los corresponsales de NdC tanto como sus aromas y su ambiente europeo.

Grenada 2

Grenada y las islas que la rodean se encuentran en el extremo sudoriental del Caribe. “Esta isla es, en realidad, lo que emerge del cráter de un antiguo volcán. Por lo cual caminar por ella supone sucesivas subidas y bajadas empinadas que resultan algo cansadoras bajo el fuerte sol…”

Aunque en el Caribe conviven varias divisas y el dólar estadounidense es omnipresente y siempre aceptado, en Grenada circula el XCD, acrónimo de ‘east caribbean dollar’ (dólar del Caribe oriental).

En esta isla, al igual que en George Town y Willemstad, no se requiere transporte desde el puerto o muelle hasta el centro de la ciudad, que siempre está “ahí nomás”: en pocos pasos uno está en pleno centro y en medio del tránsito.

Convendría alertar a los cruceristas sobre un gran peligro que potencialmente los acecha. Por más que los navíos estén volviéndose cada vez más grandes (y no es el caso de los de Crystal Cruises, cuyas naves son a escala humana), todavía no hay barcos en que los huéspedes deban desplazarse en automóvil.

Tras apenas un par de días en barco, el crucerista ha dejado atrás la congestión y el estrés de las grandes ciudades y se ha olvidado de transporte público, trenes, metros, taxis, autos, motos y bicicletas. Por eso, al bajar del barco será bueno que recuerde que es prudente mirar si viene algún auto antes de cruzar la calle.

Esto es especialmente relevante en Grand Cayman, donde los vehículos circulan por la izquierda, como en el Reino Unido. En George Town habíamos visto cómo un crucerista le salvó la vida a otro que, antes de cruzar, había mirado para el lado ‘equivocado’, y casi termina aplastado debajo de un camión…

Grenada: La Isla Verde

Amarramos en St. George’s, la capital de Grenada, para descubrir que la ciudad comienza tras recorrer el muelle y atravesar la terminal de cruceros y sus múltiples locales. Y también optamos por diseñar nuestro propio recorrido, tanto más porque el tiempo no prometía bien y se esperaba alguna llovizna.

A diferencia tanto de Grand Cayman como de Curaçao, Grenada tiene un perfil decididamente montañoso y ondulado. Al ingresar al puerto con forma de herradura, uno se da cuenta de que la isla es de origen volcánico y que su suelo es sumamente fértil.

Por eso también que se la conoce como Isla Verde, porque espesas arboledas cubren su territorio accidentado. También abundan las playas ‘de postal’ con arena coralina intensamente blanca, realzadas por numerosas y esbeltas palmeras.

Al acercarse a Grenada se tiene por momentos la sensación de llegar a una isla europea, en donde las casitas van trepando a terrazas escalonadas con techos de tejas rojas, que heredaron tanto del interior francés como del estilo georgiano de Inglaterra.

La edificación es lo que más llama la atención al llegar, más allá de la lujuriosa vegetación. Por ordenanza gubernamental, ninguna casa o edificio puede superar la altura máxima de una palmera, lo cual crea una uniformidad y una estética poco comunes.

El único otro lugar del mundo que hayamos conocimos en nuestros viajes con un código de edificación tan respetuoso del medioambiente es Lanzarote, en las Canarias (España), donde ninguna edificación puede tener más de dos pisos, para salvaguardar la belleza del paisaje.

Grenada: la Isla de las Especias

Además se ser tan verde, otra cosa que distingue a Grenada de sus ‘primas’ caribeñas es que es una isla deliciosamente perfumada, por lo cual se la llama también Isla de las Especias, ya que uno de sus principales recursos es el cultivo, elaboración y exportación de especias, además del turismo.

Según de dónde sople el viento, en determinados momentos la isla huele a vainilla, clavo de olor, canela, nuez moscada y otras especias.

La nuez moscada, en particular, es la estrella de Grenada: ¡De aquí sale cerca del 75% de la producción mundial!

Por sí sola, la diminuta isla habría más que justificado los viajes de Cristóbal Colón, quien se proponía llegar a las indias para conseguir especias para los europeos.

Y ya que mencionamos al Gran Almirante, hay que recordar que fue precisamente en algún lugar no muy lejano a Grenada donde se hundió la carabela Santa María, la cual nunca fue encontrada aunque sucesivas generaciones de buzos lo hayan intentado.

La Iglesia y el Fuerte

Esta isla es, en realidad, lo que emerge del cráter de un antiguo volcán. Por lo cual caminar por ella supone sucesivas subidas y bajadas empinadas que resultan algo cansadoras bajo el fuerte sol del Caribe.

Aun así, no nos dejamos amedrentar, ya que había dos sitios que nos atraían y deseábamos conocer. El primero, Fort George, una antigua fortaleza cuya construcción se remonta a la segunda mitad del s. XVI. La edificaron los franceses, colonizadores iniciales de la isla, con un objetivo y la denominaron Fort Royal. Desplazados por los ingleses, el fuerte pasó a conocerse con el nombre que lleva aún hoy.

Lo más interesante es la vista desde allí, teniendo en cuenta que la austera construcción se encuentra en la cúspide de un cerro.

A la derecha del camino en subida se levanta la iglesia anglicana de St. George’s, un edificio reviste interés documental: parece haber sido afectado por un violento terremoto, lo cual no sorprendería, ya que se encuentra sobre las laderas del antiguo volcán. Sin embargo no es así, ya que han pasado siglos, cuando no milenios, desde el último temblor o erupción.

Gran parte del templo se encuentra casi íntegramente en ruinas y en proceso de reconstrucción: lo que parecería consecuencia de un terremoto fue causado por el huracán tropical que asoló la isla en 2004.

Chocolate, Clavo & Vainilla

Era un día domingo, por lo que la mayor parte de los comercios se encontraban cerrados, excepto aquellos de interés para los cruceristas.

Uno de ellos nos llamó poderosamente la atención por el aroma que manaba de su interior, un mezcla del buen café tomaban algunos parroquianos, el de la vainilla y clavo de olor que ya mencionamos, y también nuez moscada molida, cacao, chocolate y punzante jengibre.

Sobre una extensa mesada vimos unos frutos, gruesos en su parte media y casi puntiagudos en los extremos, de cáscara carnosa y áspera, que no se parecían a nada que conociéramos.

La encargada del local, de cabello negro azabache trenzado hábilmente al estilo rasta, sonrió ante nuestra ignorancia. Cortó uno por la mitad y nos lo mostró con una amplia sonrisa y una explicación lacónica, pero clarísima a la vez: “¡Cocoa!” O sea: cacao.

¡Fue así que por primera vez tomamos conciencia de todos los procesos que median entre ese fruto de aspecto tan poco atractivo y la tableta de chocolate que tanto amamos!

De Colón a Hoy

Leyendo algunos libros en la bellísima y muy surtida biblioteca del Symphony encontramos más sorpresas: El mismo Colón descubrió Grenada en 1498, durante su tercer viaje a la región.

Habitada hasta su llegada por los Caribes nativos, muy salvajes y agresivos según el navegante, éste optó por no desembarcar y dar velas al viento, no sin antes bautizarla como ‘Concepción’.

Pero ese nombre tuvo corta vida: bien pronto llegaron españoles procedentes de Granada, que encontraron cierta semejanza entre la isla y su terruño natal, y le impusieron ese nombre que, luego, los colonizadores ingleses ‘anglificaron’ como Grenada y que perdura hasta hoy.

La Isla del Diablo

Aproximadamente a la hora del té sonó la sirena del Symphony, que ponía proa a su próxima escala, la última del itinerario, de nombre temible: Isla del Diablo, a pocas millas del puerto de Kourou, en la costa de la Guyana Francesa.

Nos imaginamos que Lucifer no habitaría allí, pero de todas maneras pero lo veríamos y viviríamos nos parecería bastante diabólico e infernal… Por ejemplo los 42° C que soportamos estoicamente, considerando que la humedad tropical rondaba el 90%.

Pero no había muchas opciones. Una era quedarse en el barco y disfrutar de la piscina en la Cubierta 11. La otra, desembarcar con los tenders (el puerto es inaccesible para embarcaciones de cierto tonelaje) y una vez en tierra, caminar o… caminar, ya que no hay taxis ni ómnibus.

Sólo vimos alguna máquina vial, algunas camionetas y unos cuantos camiones, todos con patentes francesas.

En los pocos mástiles de la isla flamea el tricolor francés y los contados residentes hablan Francés, algunos un poco de Inglés, y casi todos un Patois incomprensible.

Y las dos monedas que se aceptan son el euro y el dólar. Es como estar en Francia, pero la Torre Eiffel y Notre Dame están muy, muy, lejos…

Para más información sobre Crystal Cruises, consulte a su agente de viajes o comuníquese con Reise Destination , llamando al +54 11 5254 9097.

Fuentes: Noticias de Cruceros

 

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