La cárcel de Dreyfus y Papillon, y sus ‘monos artilleros’

Las Islas de la Salvación, entre las que la más famosa es la del Diablo, conmueven con el testimonio de la crueldad de la que es capaz el ser humano. Por suerte, los monos nativos aportan algo de simpatía, aunque no dejan de entrañar algún peligro…

Dreyfus y Papillon 2

“…nos preguntamos si no sería irrespetuoso siquiera documentar un lugar tan infame, que infligió tantos sufrimientos a gente que, como Dreyfus, era completamente inocente de los cargos por los que los habían acusado.”

Llegamos muy temprano a un grupo de tres islas literalmente ocultas bajo un manto de palmeras y otras especies de árboles tropicales desconocidos para nosotros y que alguna vez fueron la condena de Dreyfus y Papillon.

Dos colores dominaban el paisaje de postal: el profundo azul del mar, y el intenso verde de la selva.

Nuestro espíritu curioso e inquieto nos hizo levantar temprano, desayunar rápido y desembarcar en el segundo tender que salía hacia la isla, donde Crystal ya había dispuesto una carpa en la que se servía agua mineral bien helada y jugo de frutas.

Era aún temprano, pero el calor se hacía sentir. No sería fácil perderse: sólo sería necesario recorrer el único camino costero, y llegaríamos en una media hora a las ruinas del antiguo presidio.

Sobre la izquierda se podía divisar el mar entre el espeso follaje y, por momentos, el Symphony anclado en la pequeña rada, entre una isla y otra.

Sobre la derecha, una tupidísima selva sobre la ladera de una barranca, en la que miles de cigarras regalaban un concierto, aparentemente sin principio ni fin.

Antes de desembarcar, dos australianos que ya habían estado allí nos alertaron sobre un peligro que nos acecharía en la isla. Nos explicaron que ante la menor distracción, gran cantidad de monos juguetones y cleptómanos roban objetos, sean sombreros, carteras y aun máquinas fotográficas.

A nosotros no nos hurtaron nada pero, como veremos, no dejarían de representar un riesgo concreto.

Las Islas-Presidio de Napoleón III

Al llegar nos dimos cuenta de que no habíamos desembarcado en la Isla del Diablo (Ile du Diable) sino en su vecina, la Ile Royale. La tercera, Saint Joseph, también pertenece al archipiélago de las Iles du Salut, que traducido significa algo así como ‘Islas de la Salvación’.

El emperador Napoleón III mandó construir presidios en las tres, allá por 1852, los que siguieron funcionando hasta su cierre definitivo en 1946. Aproximadamente 80.000 presos, muchos de ellos políticos, como el recordado Capitán Alfred Dreyfus, languidecieron o fallecieron en sus celdas.

En el mismo Crystal Symphony, unos años atrás hicimos un espectacular crucero a la Antártida, una de cuyas escalas era en Ushuaia, donde recorrimos el ex presidio convertido en museo. Comparado con el que encontramos en la Ile Royal, aquél casi nos parecía ahora una colonia de vacaciones…Pero ambos nos hicieron recordar un dicho de los antiguos romanos: ‘homo homini lupus’. Es decir: ‘el hombre es un lobo para con el hombre’.

Pensar en seres humanos que padecieron años y años encerrados en celdas diminutas e insanas, en un clima tan feroz y en condiciones tan extremas, hizo apreciáramos tanto más el agua helada y el jugo que nos esperaban en el portezuelo antes de abordar un tender para volver a bordo. Pero lo que más nos alivió fueron las toallitas heladas que Crystal nos brindó para renacer antes de subir al tender.

Los Fantasmas de Dreyfus y Papillon

Habíamos recorrido las edificaciones que aún siguen en pie del que fuera el mayor de los tres penales isleños, habíamos tomado muchas fotos, y anotamos muchos datos en el cuadernito que siempre nos acompaña en los viajes.

Pero esta vez nos preguntamos si no sería irrespetuoso siquiera documentar un lugar tan infame, que infligió tantos sufrimientos a gente que, como Dreyfus, era completamente inocente de los cargos por los que los habían acusado.

Al lado de uno de los edificios del penal hay ahora una tienda donde venden artesanías y souvenirs, y un bar menos que atractivo donde nos vendieron la gaseosa más cara de nuestra vida de viajeros: cinco dólares estadounidenses por la botellita más chica, que ni siquiera estaba fría…

Volvimos sobre nuestros pasos y en el camino encontramos un faro que no habíamos visto a la ida, más otros dos edificios semiderruidos en los que también había muchas celdas, todas con ventanas muy en lo alto y gruesos barrotes herrumbrados.

Dreyfus y Papillon 3

“Los monitos, del tamaño de un perro mediano, se alimentan con los cocos que crecen en miles de palmeras. Toman el agua en el interior del fruto, mordisquean la parte carnosa y blanca, y luego tiran desde lo alto lo que no les apetece.”

El Saludo de los Monos Artilleros

Por suerte el camino nos alejaba allí, y volvimos a disfrutar del canto de las cigarras en rápido crescendo y de los chillidos de los monos que a la ida se habían mantenido ocultos. No nos robaron nada, y pudimos de verlos dar saltos prodigiosos de un árbol a otro o pararse en una rama sin temor alguno, con una expresión que nos hacía pensar que estaban mofándose de nosotros.

Mientras avanzábamos también oíamos cada tanto un ruido extraño, que sonaba como un ¡paf!, precedido por el sonido de hojas movidas por algo o alguien. ¡Por suerte esos simpáticos simios ‘artilleros’ no son muy buenos en lo que a puntería se refiere…!

Los monitos, del tamaño de un perro mediano, se alimentan con los cocos que crecen en miles de palmeras. Toman el agua en el interior del fruto, mordisquean la parte carnosa y blanca, y luego tiran desde lo alto lo que no les apetece. Así, ¡paf! por aquí y ¡paf! por allá.

Si uno de esos cocos hubiera acertado en nuestras cabezas, de pronto no hubiéramos escrito esta nota…ni tanto menos contado el cuento.

Ya en el barco, tras una reparadora ducha y un buen almuerzo, no pudimos menos que agradecer a Crystal habernos ofrecido la oportunidad de conocer un lugar que contribuyó con su granito de arena a hacernos saber mejor de qué es capaz el ser humano.

Sin embargo, no adquirimos ningún souvenir en la tienda: no queríamos recordar un sitio en el que muchos seres humanos, por más culpables que pudieran haber sido, habían sido obligados a soportar unas condiciones tan brutalmente inhumanas.

Para más información sobre Crystal Cruises, consulte a su agente de viajes o comuníquese con Reise Destination, llamando al +54 11 5254 9097.

Fuentes: Noticias de Cruceros

 

La cárcel de Dreyfus y Papillon, y sus ‘monos artilleros’
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