‘Kruzenshtern’: El barco-escuela ruso hizo escala en Buenos Aires

Es parte de la travesía que realiza por el bicentenario del descubrimiento de la Antártida y el 75º Aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Kruzenshtern - Juan Carlos Acero

Con 58 oficiales y tripulantes, 120 cadetes y de 6 a 8 profesores a bordo, cuando navega a motor, el Kruzenshtern puede alcanzar una velocidad máxima de 19,5 km/h (10,5 nudos), la que se eleva a 32,4 km/h (17,3 nudos) cuando navega a vela.

El velero Kruzenshtern es lo que en los mares se conoce como ‘tall ship’: un gran velero de diseño clásico que, en este caso, se distingue como el segundo más grande del mundo en su tipo.

Con cuatro mástiles y 114,5m de eslora, 14,02m de manga y 3400 m2 de velas en su aparejo, también puede propulsarse con dos motores diesel de 1000 CV cada uno, y funciona actualmente como buque escuela de la Federación Rusa. 

¿Pero por qué un barco tan singular atrae hoy la atención de NdC? Pues porque acaba de visitar Buenos Aires, adonde arribó el 29 de febrero y desde donde zarpó en las últimas horas de ayer, no sin antes recibir la visita de quien escribe estas líneas, como parte del staff.

La escala en la capital argentina fue parte de su travesía para integrarse a las celebraciones por el bicentenario del descubrimiento de la Antártida y el 75º Aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Amarrado en la Dársena Norte del viejo puerto de Buenos Aires, en los muelles que son parte del Apostadero Naval de la Armada Argentina, durante su estadía recibió la visita del público en general, que pudo abordar de manera libre y gratuita para conocer de primera mano y desde adentro a la noble nave.

Escala Porteña

De esa manera, el visitante curioso pudo enterarse de que el Kruzenshtern se botó en Bremerhaven-Wesermünde (Alemania), el 24 de junio de 1926. Entonces recibió el nombre de Padua.

Veinte años después, en 1946, pasaría a manos de la marina soviética, que lo rebautizó en honor al Almirante de la Marina Imperial  Rusa Adam Johann Von Krusensthern quien, aunque de origen alemán, circunnavegó el planeta entre 1803 y 1806 en nombre del Zar Alejandro I.

Ahora en Buenos Aires, ese mismo gran velero se reabastecía de víveres y combustible, mientras recibía muy amablemente a los porteños y turistas que lo visitaban, lo mismo que el corresponsal de NdC, en una ardiente mañana del verano porteño.

Buque y tripulación se hacían de tiempo para explicar mil detalles a sus invitados, sin por ello abandonar del todo sus tareas de aprestamiento para emprender la travesía que hoy ya lo está llevando a Palma de Gran Canaria (España) en su regreso a casa.

La Travesía del Kruzenshtern

Había partido de Kaliningrado el pasado 8 de diciembre, para atravesar el Báltico, el Mar del  Norte y el Atlántico, primero, y visitar los puertos de Santa Cruz de Tenerife (Canarias, España), Río de Janeiro (Brasil), Montevideo (Uruguay) y Ushuaia (Argentina), después. 

El Kruzenshtern se hizo tiempo además para participar en la gran regata anual de grandes veleros, en los que también participaron en representación de Rusia la fragata Pallada de la marina de ese país, y el STS Sedov, buque-escuela al servicio de las universidades de Murmansk, San Petersburgo y Arcángel.

Pero ahora, en Buenos Aires, la buena suerte que acompaña siempre a este cronista volvería a presentarse: algunos tripulantes hablaban Inglés, y además un matrimonio que también visitaba la nave y hablaba Ruso a la perfección se ofreció a oficiar como intérprete.

Y así el cronista descubrió que, pese a parecer muy serios, estos marineros son en realidad personas muy afables y dispuestas a la sonrisa apenas uno intenta comunicarse. Además, siempre están a disposición para las fotos.

Su simpatía y la posibilidad de compartir con ellos algunos momentos de esparcimiento fue el complemento perfecto que, junto a la espectacular belleza de la nave, volvió a la visita un placer enorme.

Fuentes: Noticias de Cruceros

 

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