Navieras Vs. CDC, con los tripulantes en el medio

Mientras las navieras no aceptan las condiciones de la agencia estadounidense para que los tripulantes desembarquen, éstos sufren a causa del confinamiento y la incertidumbre laboral.

CDC - Celebrity Infinity - Miami

“Cualquier declaración falsa o errónea, así como cualquier omisión, podrían ser motivo de acciones penales y civiles, multas, sanciones, medidas punitivas y encarcelamiento”, amenaza la CDC.

Lo que comenzó como un chisporroteo el 13 de marzo, cuando los US Centers for Disease Control ( CDC, Centros para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos) paralizaron a todos los cruceros en aguas de ese país, pasó a una hostilidad incipiente un mes después, cuando a mediados de abril, esa agencia gubernamental prolongó la medida “por cien días” más.

Ahora, la mala relación parece haber escalado a un conflicto abierto, que incluso está llamando la atención de la prensa local, sobre todo porque mantiene a miles de tripulantes en una situación tan incómoda como poco saludable y, sobre todo, sumamente incierta.

Tal como informó NdC el pasado 11 de abril (Ver Más), para ese entonces la CDC disponía que “como operadores de embarcaciones con bandera no estadounidense que navegan en aguas internacionales, es imperativo que las líneas de cruceros asuman el cuidado de su tripulación y no exijan aun más los limitados recursos de los Estados Unidos durante una emergencia de salud pública.”

Esto significaba –y significa– que las líneas de cruceros pueden desembarcar, e incluso repatriar, a personas que aún se encuentran a bordo de sus barcos en aguas estadounidenses únicamente de manera privada. Es decir, sin asistencia de la US Coast Guard ni otros organismos oficiales, y solventando por su cuenta todos los costos que ello implique.

Además la CDC impuso varios puntos a respetar y procedimientos a cumplir, lo cual vuelve aún más onerosa la operación. 

Protocolo de Desembarco

En la actualidad, la CDC se encuentra revisando los planes de acción que, por su orden, debieron presentarle las las navieras antes del 22 de abril.

Sin embargo, un día después a misma agencia les enviaba a esas mismas compañías una serie de instructivos en los que se indicaba de qué manera, mientras tanto, debían repatriar a tripulantes y huéspedes aún a bordo.

De acuerdo a esas directivas, las navieras deben: 

  • Examinar a todas las personas antes que desembarquen.
  • Asegurarse de que quienes estuvieron expuestas al COVID-19 viajen separados de quienes no lo estuvieron ni están enfermas.
  • Entregarles barbijos, que deben usar obligatoriamente.
  • Indicarles que deben permanecer en cuarentena en sus casas durante 14 días y practicar el distanciamiento social.
  • Asegurarse de los desembarcados:
  1. No se alojen en un hotel.
  2. No usen transporte público.
  3. No ingresen a aeropuertos.
  4. No tomen vuelos comerciales.
  5. No interactúen de ninguna manera con la población durante el viaje de regreso a sus hogares.

Pero además, por cada persona que desembarque, la principal autoridad médica de la naviera, el compliance officer (jefe de cumplimiento), y el propio CEO de la compañía deben firmar un acuerdo sobre estos términos.

En dicho acuerdo se señala que: “Cualquier declaración falsa o errónea, así como cualquier omisión, podrían ser motivo de acciones penales y civiles, multas, sanciones, medidas punitivas y encarcelamiento”.

He aquí el corazón del conflicto: Más allá de los costos a afrontar, es justamente esto último lo que las compañías no están dispuestas a hacer para que pueda regresar la mayor parte de los pasajeros en cuarentena o tripulantes que todavía permanecen a bordo en aguas estadounidenses.

Según el diario El Nuevo Herald de Miami, ciudad donde tienen sede las navieras más importantes que operan desde los Estados Unidos, fuentes de la CDC aseguran que los ejecutivos de las navieras “se han quejado de que contratar transporte privado para desembarcar a miembros de la tripulación es muy caro.”

¿Rehenes de la CDC?

Mientras tanto, el tercer grupo en conflicto es el que peor la está pasando. Se estima que el total de tripulantes y algunos viajeros aún en cuarentena en aguas de los Estados Unidos asciende a 100.000.

Los tripulantes se distribuyen a bordo de barcos que navegan incesantemente frente a las costas de ese país y, según El Nuevo Herald, varios de ellos con los que se pudo comunicar “dicen sentirse mal tras haber visto a las compañías mover cielo y tierra para repatriar a los pasajeros en vuelos charter y otros medios de transporte privado después que la industria cerró el 13 de marzo”.

El diario que se publica en Miami cita varios testimonios, muchos de ellos bajo anonimato, ya que los protagonistas temen perder su empleo. 

No es el caso de Julia Whitcomb, una cantante estadounidense de 24 años que vive en Chicago, varada a bordo del Celebrity Infinity junto a otros 954 tripulantes de las más diversas nacionalidades.

Julia lleva más de un mes confinada en un pequeño camarote junto su novio, un tripulante argentino.

Según relató Whitcomb al diario, cuando miércoles 29 de abril el Infinity atracó en Port Miami, se le indicó que empacara y que se despidiera de su novio, ya que regresaría a su casa. 

Sin embargo, horas más tarde recibió una llamada de la oficina de recursos humanos de la naviera: le informaban que el departamento legal de la compañía no estaba de acuerdo con los términos del CDC, por lo que no podría desembarcar.

Esa noche el barco volvió a zarpar y ahora se encuentra en aguas de Bahamas.

El Nuevo Herald comenta un caso similar que habría ocurrido con el Oosterdam, de Holland America Line.

Agrega además que Jonathan Fishman, portavoz de Royal Caribbean, corporación a la cual pertenece Celebrity Cruises, dijo que la compañía está trabajando para repatriar a grupos de personas a través de vuelos charter, pero que en el caso de Whitcomb no es posible organizar un transporte privado para una sola persona. 

Carnival & Norwegian

Otro caso que cita el periódico miamense es el del Carnival Freedom, donde los tripulantes se quejan por no recibir ningún tipo de información acerca de cuándo los enviarán a sus casas.

El barco se encuentra ahora en Barbados, pero el miércoles pasado Carnival Cruise Line anunció un plan de repatriación que comenzaría usando botes salvavidas para distribuir a más de 6000 tripulantes en nueve barcos que los llevarían a sus hogares en Europa, Asia, África y América Latina.

De acuerdo con una copia del plan que habría obtenido el Herald, los cruceros serían el Breeze, el Conquest, el Dream, el Ecstasy, el Fantasy, el Fascination, el Glory, el Liberty y el Magic.

Además, la compañía con sede en el barrio miamense de Doral asegura haber repatriado ya a otro 10.000 empleados a través de vuelos charter.

Pero más complicada es aun la situación de los empleados del grupo Norwegian, que abarca a Norwegian Cruise Line, Oceania y Regent Seven Seas, las que han dejado de operar hasta el 30 de junio.

En este caso, los empleados en tierra también suman su ansiedad a la angustia de los que están varados a bordo, ya que el holding anunció que, debido a la parálisis a la cual lo obliga la pandemia, suspenderá a cerca del 20% de su fuerza laboral hasta el 31 de julio.

“La pausa de los viajes en crucero continúa teniendo un impacto material en nuestro negocio, lo cual requiere medidas adicionales para superar tiempos tan desafiantes y sin precedentes”, señaló un portavoz de la compañía.

A fines de 2019, Norwegian contaba con una fuerza laboral de aproximadamente de 4000 empleados en tierra y unos 32.000 a bordo, precisó el vocero.

Aclaró, sin embargo, que la medida afectará por el momento y mayormente a los trabajadores en las sedes de los Estados Unidos y sólo algunas oficinas internacionales.

Fuentes: El Nuevo Herald / Click Orlando / Noticias de Cruceros

 

Deja tu opinión

comentarios

Powered by Facebook Comments