La Cabina: Una elección estratégica

La elección de cabina no es un detalle más. Se deben tener en cuenta varios factores al escogerla, porque será nuestro hogar a flote por toda la duración del crucero.

La cabina 16012 del MSC Fantasia

La cabina que hemos convertido en nuestra redacción durante uno de nuestros cruceros.

El más experimentado agente de viajes, al reservar nuestro crucero, nos asegurará que -salvo el precio- no hay cabinas mejores o peores y enfatizará que son todas muy buenas y confortables.

Dicho así, el crucerista primerizo aceptará de buen grado la 1235, la 7434 o la 5583. Pero con las cabinas, por raro que parezca, pasa algo parecido que con las brujas. “Las brujas no existen…” decían las abuelas, “…pero que las hay, ¡las hay! Con las cabinas pasa lo mismo. No hay cabinas “malas”…pero que las hay, ¡las hay!

Desde ya, si uno no tiene un presupuesto muy justo, elegirá la cabina de su preferencia y tanto mejor que una cabina, una suite. Por cierto, para darse el gusto, disfrutar del aire y del sol en total intimidad y tener una sensación de mayor espacio, es mil veces mejor que, cabina o suite que sea, cuente con balcón.

Un desayuno servido en el propio balcón con el mar allí, a un «salto» (aunque mejor ni lo piense), es una experiencia imborrable de la que uno no debería privarse.

Como todos sabemos, todo corredor que se precie tiene dos costados, por lo cual si la cabina 3012 es externa, con o sin balcón, es evidente que la 3011 y la 3013 quedan del otro lado y son internas.

La diferencia de precio entre una cabina interna y una externa es, a nuestro criterio, mínima si uno hace una adecuada estimación de costo vs. beneficio. Tener el sol y el mar a la vista en todo momento bien merece esos pocos dólares adicionales.

A cambio de un ahorro menor, se contará sólo con aire acondicionado al no haber ventana y, en su lugar, un gran espejo para darnos una falsa sensación de amplitud y tratar de evitar que aflore un inevitable sentimiento de encierro, cuando no de claustrofobia.

Una decisión más fácil que otras

Cuando uno debe decidir si elige una cabina “interna” o una “externa”, no hay un problema mayor: las alternativas son claras y hay, sí, una pequeña diferencia de precio.

Obviamente, es siempre preferible la externa, y si tiene balcón, pues tanto mejor. Sin embargo hay diferencias mucho más sutiles al elegir una cabina y los viejos lobos de mar no eligen una cabina o una suite sin tener bien a la vista la planta del buque.

Hay que tener en cuenta Varios factores. Con barcos como los de hoy, cuya eslora supera los 300 y más metros, es bueno ver dónde está la cabina con respecto al restaurante. Trescientos metros no dejan de ser tres cuadras y uno puede querer evitar grandes paseos antes y después de las comidas. Pero ¡ojo! Uno quiere estar cerca del restaurante pero, al mismo tiempo, suficientemente lejos de los ascensores, ya que donde hay ascensores siempre hay movimiento y ruido. Y no sólo por el ascensor: hay cabinas en las que, por estar cerca de escaleras y ascensores, a la noche se escucha la música que en ese momento está tocando a todo trapo uno de los conjuntos que ameniza los bailes, unas cubiertas más arriba o más abajo.

En un crucero para el cual hicimos reservas a último momento -saliendo de Bergen en Noruega hasta llegar a la frontera con Rusia al norte del círculo polar Ártico- nos tocó una cabina en la popa, tan a popa que desde nuestra ventana veíamos la estela del barco.

En el momento en que el barco zarpó de Bergen hacia los fiordos, toda la cabina empezó a vibrar y cuanta moldura de metal había comenzó a vibrar en resonancia, como lo hicieron las copas y la botella celeste de agua mineral Ramlösa sumando su tintineo a la resonancia.

Para alguien que no soporta dormir con el tic-tac de un reloj, fue un suplicio de 12 noches. Ni que hablar cuando el barco hacia maniobras para acercarse o alejarse de un muelle o para meterse en un angosto fiordo. Si uno hubiera tenido dentadura postiza, le hubiera saltado de la boca, ¡y no es una exageración!

Por otra parte, tampoco nos gustan las cabinas en la proa del barco porque, especialmente en momentos de mar grueso, resuena mucho el impacto de las olas contra el casco.

Cubiertas y visión limitada

Los barcos tienen una extraña semejanza con los micros de larga distancia de dos pisos. Quien haya hecho un viaje en la parte superior sabe que en curvas, con viento lateral o sobre pavimento desparejo, ésta oscila y se bambolea de manera sumamente molesta, cosa que no ocurre en el nivel inferior.

Esto depende exclusivamente de la física: todos los objetos cuentan con un centro de gravedad, y cuanto más cerca uno está de él, tanto más estable será el objeto. Es por eso que nunca elegimos una de las cubiertas más altas, porque ahí el eventual movimiento lateral del barco (el rolido, para los entendidos) es mucho más perceptible.

Es decir que si un barco cuenta con 14 cubiertas, la 6, 7, u 8 son preferibles sencillamente porque brindan un andar más apacible.

Pero, como si todas estas precauciones fueran pocas, el crucerista avezado se cuida mucho de que le toque una cabina “con visión limitada”. El precio no varía sustancialmente del de una cabina externa con o sin balcón, pero lo que varía en mayor o menor medida, es lo que uno ve.

Por lo general uno ve aparejos, el casco de un tender o de una lanche de salvataje, “sabe” que el mar y el sol están “allí” pero su única vista en todo el crucero será ese casco blanco con su cubierta de tela anaranjada. Pero la vista no es el único inconveniente: esas cabinas se asoman a los amplios pasillos que van de proa a popa, por los cuales de día hay un movimiento constante de pasajeros y tripulantes.

Por eso, uno nunca puede estar con las cortinas abiertas, si quiere evitar miradas indiscretas.

«Si un barco cuenta con 14 cubiertas, la 6, 7, u 8 son las preferibles»

Reserva temprana, mejor cabina

Los que en los países anglosajones se conocen como “early birds” (pájaros tempraneros) son los que generalmente consiguen las mejores condiciones. En primer lugar porque la mayoría de las navieras ofrece descuentos significativos a quien reserva meses y meses antes de la zarpada, Pero ésa no es la única ventaja: cuando aún no se ha vendido la mayoría de las cabinas, uno puede elegir la de su preferencia de acuerdo con los criterios explicados más arriba.

En una oportunidad reservamos un crucero por cuatro islas griegas dos horas antes de que el barco zarpara. Es cierto que la tarifa “last minute” (último minuto, justo el opuesto a la de “early bird”) fue por demás accesible. Pero es cierto también que nos tocó en suerte una cabina interna, sobre el costado de la nave.

Cargando nuestras valijas empezamos a bajar escalera tras escalera hasta llegar a la 42, “externa”. Externa, sí, pero sin siquiera un mísero ojo de buey para mirar afuera.

Nos dimos cuenta de que estábamos por debajo de la línea de flotación… Viajamos bien, y el crucero fue de lo mejor. Mirando la situación en positivo, tuvimos una experiencia única e irrepetible (porque nunca la vamos querer repetir…).

Aprendimos en carne propia qué se siente al viajar en un submarino: sólo una delgada chapa de metal nos separaba de los peces, los pulpos y las aguavivas del profundo Mar Egeo por el cual navegó un tiempo atrás el mismísimo Ulises

Fuente: Noticias de Cruceros

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